Qué sentido tenía disputarle el éxito de la operación a la Policía Nacional que sí creyó en las voces que llamaban la atención sobre la presencia y las actividades del “Clan del Golfo”.
Es natural que cada uno de los organismos de seguridad del Estado quiera mostrar resultados y efectividad ante sus respectivos superiores e inclusive que emulen entre sí, al fin y al cabo los logros importantes que consigan cuentan al momento de calificar su labor y de seleccionar los oficiales que van a ser tenidos en cuenta para los ascensos y reconocimientos dentro de sus instituciones.
Lo que no solamente no está bien, sino que riñe con la misión de todas las instituciones y organismos encargados de la seguridad del Estado y el bienestar de los colombianos, cual es perseguir y combatir los grupos armados y las organizaciones al márgen de la ley que ponen en riesgo la estabilidad institucional o la tranquilidad pública; es que entre ellos se arme una guerra por la autoría de cualquier operativo exitoso que se haga.
Lo que sucedió esta semana en el Departamento, por ejemplo, fue una verdadera vergüenza que desdice mucho del profesionalismo de quienes están al frente de las instituciones armadas en la región y pone en entredicho la coordinación y colaboración mutua que debe haber entre las instituciones del Estado cuando lo que se tiene al frente es el enemigo común.
Mientras en el Batallón San Mateo se han negado desde hace mucho rato a reconocer que en el occidente del Departamento hay presencia permanente de grupos armados, incluyendo al “Clan del Golfo”, la Policía Nacional sí atendió el clamor de muchos risaraldenses y en un operativo coordinado desde Bogotá, capturó a varios integrantes de esta organización armada ilegal, entre ellos a dos cabecillas por quienes el Gobierno Nacional ofrecía una importante recompensa.
Lo que siguió es lo que no puede pasar en cualquier institución militar. Cuando la Policía informó de la operación y presentó a los capturados como resultado de su labor de inteligencia, seguimiento y acción policial, el Comandante del Batallón San Mateo, ordenó de inmediato una operación en el occidente del Departamento y luego emitió un comunicado público en el que daba cuenta de las operaciones adelantadas por sus unidades y reseñaba exactamente los mismos logros que ya había presentado la Policía.
Qué sentido tenía disputarle el éxito de la operación a la Policía Nacional que sí creyó en las crecientes voces que llamaban la atención de las autoridades sobre la presencia y las actividades delictivas del “Clan del Golfo” y de otros grupos ilegales en el Departamento; y que actuó en defensa de la seguridad de los habitantes del occidente de Risaralda.
El enemigo del Ejército no es la Policía ni ningún organismo del Estado que trabaje para defender las instituciones y garantizar la seguridad de los colombianos, sino todos los grupos armados ilegales y las organizaciones criminales que operan en el territorio nacional y a ellos han que combatirlos no importa quien lo haga, ni quien logre primero los resultados. Pelear por el crédito, además de poco profesional, es una actitud avara.
