El llamado de las comunidades de río

Sería doloroso, que después de estar advertidos por las mismas comunidades en riesgo, se presentará un nuevo deslizamiento en la ladera norte del río con consecuencias graves.

La voz de alerta que han lanzado los habitantes de los barrios La Esneda en Dosquebradas y Nuevo Peñol y La Sirena en Pereira, por un reciente comportamiento irregular de la ladera norte del río Otún y que amenaza con causar un deslizamiento de tierra mayor, debe ser atendida de inmediato por las autoridades encargadas de la atención de emergencias y mitigación de riesgos, de ambas ciudades.

En ese sector frente a la calle 27, han ocurrido ya varias tragedias, una muy reciente que dejó varias víctimas fatales, no pocos heridos, muchas viviendas sepultadas por la montaña de tierra que se vino abajo y decenas de familias sin más bienes que lo que en el momento de la tragedia llevaban puesto.

No es pues nuevo que esta ladera, a pesar de los trabajos de mitigación que los gobiernos locales han adelantado para evitar que la montaña presente nuevas fallas y deje venir parte de ella sobre las viviendas que están construidas no solo en la margen norte de río Otún sino sobre la orilla sur, donde han levantado sus viviendas miles de personas.

La naturaleza no da tiempo, ni avisa, ni respeta la noche, ni mucho menos tiene consideraciones con sus víctimas. Cuando se manifiesta, lo hace regularmente con toda su fuerza, causando toda clase de estragos y afectando en su camino por igual a niños, ancianos, mujeres y personas con limitaciones físicas. 

En segundos la naturaleza borra del mapa barrios enteros o sepulta decenas de viviendas que estén al pie de una ladera, o convierte en cenizas manzanas enteras y deja a cientos de familias completamente en la calle, cuando no varias vidas perdidas en medio del llanto, el desespero y la confusión general.

Por eso es urgente escuchar la voz de las comunidades del río Otún. Si un sitio que ha sido escenario de varias tragedias, que la ladera que lo custodia está dando señales de un comportamiento irregular y que es sensible a épocas de lluvia como la que ahora afecta a la ciudad y la región; lo sensato es que se le ponga toda la atención.

Sería doloroso, que después de estar advertidos por las mismas comunidades en riesgo y que están asentadas en las riberas del río Otún, se presentará un nuevo deslizamiento en la ladera norte del río con consecuencias graves tanto desde el punto de vista material como de vidas humanas.

Pereira y Dosquebradas no quieren vivir más tragedias, ni cargar con más vidas perdidas por la falta de atención de un problema que no es nuevo, que ha causado mucho dolor y, por qué no decirlo y que aún está pendiente de cumplírsele a las víctimas y resarcirle por lo menos las pérdidas materiales. Ojalá, las autoridades y los organismos de atención de emergencias estén a esta hora atendiendo el llamado angustioso de las comunidades del río Otún.

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