Queda la preocupación del alcance que tenía este negocio y si él no solo cubría carnicerías y establecimientos dedicados a la venta del producto, sino a los negocios de comidas callejeras.
Con motivo del desmantelamiento de la red ilegal que funcionaba en el área metropolitana y que estaba dedicada al sacrificio y comercialización de carne sin la observancia de las condiciones mínimas de higiene y salud, queda la preocupación del alcance que tenía este negocio y si él no solo cubría carnicerías y establecimientos dedicados a la venta del producto, sino a los negocios de comidas callejeras que hay por toda la ciudad.
Tanto Pereira como Dosquebradas están llenas de puestos donde se vende comida preparada en el mismo lugar. Estos negocios callejeros operan regularmente después de las seis de la tarde o siete de la noche cuando las autoridades de salud ya han terminado su jornada laboral, lo que hace que estos puntos de comida trabajen prácticamente sin ningún control ni vigilancia; y no se necesita mucho para imaginar que lo hacen en condiciones muy precarias.
Basta hacer un recorrido en las horas de la noche por la carrera séptima y octava, o por el Lago Uribe, o por el Parque de la Libertad, o por La Circunvalar, o por el Parque Guadalupe Zapata en Cuba, o por la zona de rumba de La Badea, para ver la cantidad de ventorrillos que ofrecen comidas, especialmente carnes, y la manera antihigiénica e insalubre en que la preparan y sirven.
Carnes y en general toda clase de alimentos, que no han conservado la cadena de frío tan indispensable en productos de esta naturaleza, que son almacenados y guardados en recipientes antihigiénicos, que son manipulados sin ninguna precaución o que son sometidos a la contaminación del aire; esto para no hablar del estado en que están los elementos en que se sirven o los cubiertos con que la gente los come.
Todo sin ningún control por parte de las autoridades de salud o inclusive de las entidades, como la Defensoría del Pueblo, que tienen la obligación de velar por la salud de los ciudadanos, u otras instituciones que tienen como función la preservación de las condiciones de vida de las personas.
Hace exactamente un año las autoridades de salud de Pereira, allanaron y cerraron tanto un matadero clandestino como algunas carnicerías que comercializaban carne proveniente de ese establecimiento ilegal; valdría la pena que las autoridades informaran si los lugares donde se sacrificaba ganado de manera irregular y los que fueron clausurados ahora por comercializar este producto, son los mismos o tiene relación con los de hace un año.
La salud de los pereiranos está amenazada con prácticas como las que ha puesto en evidencia el CTI de la Fiscalía. Es necesario entonces, que se ponga en ejecución un plan que garantice que la carne que está consumiendo la ciudad y muy singularmente la que utilizan los negocios de venta de comidas callejeras, proviene de mataderos autorizados por las autoridades y que cumplen con las condiciones mínimas de higiene y salubridad que exigen los alimentos para consumo humano.
