Un Sisbén moderno no solo ordena las cifras y le da un mejor uso a los recursos públicos, sino que mejora la política social y orienta los subsidios con criterios técnicos.
Durante años, el Sistema de Identificación de Potenciales Beneficiarios de Programas Sociales, más conocido como el Sisben, ha sido la herramienta utilizada por el Gobierno para clasificar la población según sus condiciones de vida e ingresos y, con base en ella, asignar las ayudas y orientar la inversión social.
En palabras sencillas esta clasificación ha sido la métrica con la cual el Ejecutivo dice a quien se le otorga, por ejemplo, un subsidio de vivienda, o se beneficia con un programa como Familias en Acción, o se incluye en el régimen subsidiado de salud o se le da cualquiera otra asistencia social.
Aunque la metodología utilizada hasta ahora para determinar los ingresos, la educación, la composición familiar y las condiciones de vida, base para configurar la clasificación del Sisben, ofrece una realidad muy aproximada de las características económicas y sociales de los hogares; no deja de ser una fotografía del momento, que desconoce los cambios que pueden ir presentando con el tiempo.
Hoy, hay nuevas herramientas tecnológicas que permiten que el registro social sea más preciso, transparente y dinámico; y, de paso, que eliminan los errores, filtraciones, manipulaciones y demoras que ha acumulado con el tiempo y que afectan la equidad. Por eso, tiene tanto sentido la adecuación y modernización del Sistema que está implementando el Gobierno.
En primer término, el nuevo modelo plantea la integración de bases de datos públicas y privadas para cruzar información en tiempo real. Esto permite reducir la manipulación de datos y detectar inconsistencias de manera automática. Además, evita que hogares con capacidad económica reciban subsidios, al mismo tiempo que amplía la cobertura a quienes están por fuera.
La segunda innovación que trae es la actualización permanente de la información socioeconómica. Ya no dependerá únicamente de encuestas ocasionales, sino de registros administrativos que reflejen cambios en ingresos, empleo o composición familiar. Esto permitirá que una familia que cae en pobreza reciba ayuda con rapidez, y que quien mejora su situación deje de ocupar un cupo que necesita otra persona.
Lo otro que contempla es la simplificación de trámites y la digitalización del acceso. Menos filas, menos intermediarios y más canales virtuales pueden traducirse en ahorro de tiempo y reducción de corrupción. Para regiones apartadas, la modernización plantea brigadas móviles y alianzas con alcaldías, evitando que la brecha tecnológica se convierta en una nueva forma de exclusión.
Ojala. pues, la implementación del nuevo modelo avance sin contratiempos y pueda estar operando completamente este año. Un Sisbén moderno no solo ordena las cifras y le da un mejor uso a los recursos públicos, sino que mejora la política social, orienta los subsidios con criterios técnicos y fortalece la confianza ciudadana en los programas sociales.
