Los pereiranos deben entender la filosofía del hospital público veterinario y utilizarlo adecuadamente; y la entidad debe establecer todos los controles para evitar que esto se desvirtúe.
Lo que nada nos cuesta, volvamoslo fiesta, dice el socorrido dicho popular para significar que los colombianos en general suelen abusar de los beneficios que se le entrega de manera gratuita, sin siquiera pensar cuánto le cuesta al Estado o al que lo ofrece, ni cuánto le serviría eso que la persona no necesita a quien realmente si lo requiere.
Esta reflexión se podría aplicar a lo que está sucediendo con el Hospital Público Veterinario que construyó y puso en funcionamiento el gobierno del alcalde Mauricio Salazar, para cumplir con una promesa de campaña. La entidad fue creada con el propósito de atender los animales de compañía en condiciones de vulnerabilidad de las personas de escasos recursos económicos; sin embargo, no está ocurriendo.
De un lado, los ciudadanos de estratos altos y que tiene recursos suficientes para llevar sus mascotas a un centro veterinario privado, son los que están copando los turnos del hospital público quitándole la posibilidad a aquellas personas que no tiene dinero para esto y son realmente para quienes va dirigido este esfuerzo municipal.
Por el otro lado, los pereiranos han optado, aprovechando que no tiene ningún costo, por llevar sus animales al Hospital sin una real necesidad, casi que por deporte, arrebatándole el espacio a aquellas personas que de verdad tiene la urgencia de llevar sus mascotas donde un veterinario que alivie su enfermedad.
Por supuesto, esto lo que hace es generar una horrible inequidad, amén de gastar unos recursos, que son limitados, en lo que no se necesita. Se está atendiendo al que no lo requiere o, lo que es peor, tiene los recursos para pagar un servicio particular; y se está dejando de atender a quien verdaderamente lo necesita y para quien está dirigido el programa municipal.
Esto para no hablar del impacto negativo que este comportamiento equivocado de los ciudadanos, está generando en las clínicas veterinarias, en los profesionales en esta rama y en los negocios dedicados a esta actividad. Claro, si quien puede pagar un veterinario, o unos exámenes, o una droga para su mascota, ahora no tiene que hacerlo porque el Municipio le suministra todo esto sin costo, los perjudicados son las empresas y los profesionales privados.
El llamado es, pues, a los pereiranos a entender la filosofía del hospital público veterinario y a utilizarlo adecuadamente; y a la entidad oficial a establecer todos los controles para evitar que esto se desvirtúe. El Hospital fue pensado y creado para atender a los animales de compañía en condiciones de vulnerabilidad y de personas o familias de muy bajos recursos económicos y no los de quienes tiene capacidad para pagar un servicio particular; y también solo en los casos en que se necesite atención urgente y profesional y no aprovechando que no cuesta nada.

Como siempre los colombianos aplicando la “inteligencia indígena “ que tanto daño nos ha hecho , jamás podremos ser un país del primer mundo porque esa mentalidad no deja crecer a algunos , de todo se aprovechan , paro cuando les toca hacer sus deberes como ciudadanos ahí no cooperan , pero eso si todo lo quieren gratis especialmente aquellos que no lo necesitan , el ejemplo más claro son los senadores de la República