Preocupa que la Justicia y todo lo que ella encierra vaya a estar en manos de una marioneta de quien está sub judice y aún no ha explicado de donde salieron los 15.000 millones para la campaña Petro.
Las razones expuestas por la saliente ministra de justicia en su carta de renuncia, dejan preocupantes interrogantes sobre el interés del Gobierno Nacional de nombrar determinadas personas, no importa si cumplen los requisitos mínimos que exigen los cargos, en ciertas posiciones claves dentro del Ejecutivo.
Por otro lado, la salida de la doctora Ángela María Buitrago del ministerio en los términos en que se dieron y sus posteriores declaraciones, confirman la poca o ninguna comunicación que tiene, casi sin excepciones, el equipo ministerial con el presidente Petro y la dificultad de estos funcionarios para confirmar las solicitudes non sanctas que reciben de quienes dicen ser sus voceros y ponerlo alertar de los riesgos que ellas conllevan.
La ahora exministra ha dicho que se va porque no estaba dispuesta a tolerar las presiones que recibió del ministro del interior, Armando Benedetti, y de la directora del Dapre, Ángela Rodriguez, entre otras muchas cosas para que cambiara de inmediato al director del Uspec y al director de la Política de Drogas, y para que diera concepto negativo sobre una extradición a los Estados Unidos.
En cuanto al primero, según ella un buen funcionario, le exigieron que lo cambiara e intentaron injerir en el sistema carcelario y en especial en los movimientos de detenidos. Y en el segundo caso, le pidieron que nombrará en su reemplazo una persona que no cumplía los requisitos para un cargo tan delicado como este.
Ha afirmado también la exfuncionaria que a pesar de haberle entregado en el mes de abril un documento al Presidente donde le informaba sobre lo que estaba sucediendo, no obtuvo respuesta suya y nunca pudo hablar con él sobre lo que pasaba, distinto a un encuentro en medio del ruido de un helicóptero en un viaje a Acacías para la presentación del Modelo Carcelario de Resocialización Productiva.
La pregunta obvia es cuál es el afán del Gobierno o del ministro Benedetti de remover al director de la Uspec y de nombrar en la dirección de la Política de Drogas a una persona que no cumplía los requisitos, pero seguramente sí atendería a ojo cerrado las solicitudes de Benedetti y de Rodríguez de cambios de prisiones.
La segunda pregunta es cómo puede un presidente enterarse de los temas de cada ministerio, tomar las decisiones más acertadas y, si es del caso, hacer los ajustes que obliguen las circunstancias, si no habla con sus ministros, no los atiende y no les escucha sus problemas y preocupaciones.
Preocupa, pues, que la Justicia y todo lo que ella encierra vaya a estar, si quien se nombre para reemplazar a la doctora Buitrago no tenga el carácter, la verticalidad y la independencia que ella demostró, en manos de una marioneta de quien está subjudice y aún no ha explicado de donde salieron los 15.000 millones que afirmó consiguió para financiar la campaña del presidente Petro.
