A pesar de todas las campañas que adelantan las autoridades y de las medidas preventivas que se impulsan para que esta clase de conductas se denuncien las cifras siguen subiendo.
Cuando se pensaba que el inusitado crecimiento de los casos de violencia intrafamiliar se había debido al confinamiento que obligó la pandemia, los recientes registros oficiales demuestran que, a pesar de todas las campañas que adelantan las autoridades y de las medidas preventivas que se impulsan para combatir este delito, esta conducta siguen siendo uno de los peores males de la sociedad.
Según un informe entregado por la Dirección de Investigación Criminal (Dijin) de la Policía Nacional y que divulgó este periódico el pasado domingo, al 30 de noviembre pasado las autoridades registraron 1.679 casos de violencia intrafamiliar en el Departamento, una cifra superior a la presentada en la misma fecha del año 2024, lo que significa que este es un mal que en vez de ceder terreno cada día se acentúa más en la región.
Por supuesto, las mayores cifras las tiene Pereira con 1.065 registros, obviamente por su mayor población, seguido de Dosquebradas con 367, de Santa Rosa con 66 y de La Virginia con 61; pero lo doloroso es que ninguno de los municipios del Departamento escapa a este condenable comportamiento.
Lo otro preocupante que deja informe es que las conductas agresivas son cada vez más fuertes, rayando casi otro tipo de delitos. Los acostumbrados insultos, humillaciones, señalamientos y amenazas, han cambiado por las agresiones físicas graves, la utilización de objetos contundentes e inclusive el uso de armas de fuego y blancas, lo que eleva la gravedad de esta conducta y sus consecuencias legales.
Pero lo más preocupante de todo esto es que las cifras de las autoridades no reflejan la total gravedad del problema. Por razones que van desde el miedo a las represalias del agresor, hasta el temor a los comentarios y señalamientos sociales, pasando por la desconfianza en la acción de las autoridades, por la dificultad para denunciar, por la creencia en que denunciando no se obtiene nada y porque el victimario muchas veces en un miembro de la familia; el hecho no llega a conocimiento de las autoridades.
De aquí la importancia de crear conciencia en la comunidad sobre la importancia de poner en conocimiento de las autoridades respectivas el más mínimo asomo de violencia al interior del hogar o cualquier acción o expresión que deje traslucir que detrás de ella puede haber un inicio de agresión física o verbal .
Y también crear en las autoridades, la necesidad de borrar cualquier prevención que haya para que quien sienta que puede ser víctima de violencia intrafamiliar o ya esté siendo objeto de ella, pueda acudir a ellas bien en busca de apoyo y de manera preventiva, o bien para que actúen legalmente e impidan que se siga presentando una conducta irregular y que puede convertirse en delictiva.
