Malo el balance de la pólvora

Entre el primero de diciembre y el siete de enero pasado, se registraron en el Departamento 28 quemados con pólvora, lo que significa, comparado con el 2024, un dramático aumento del 50%.

Conocido el último informe oficial emitido por la Secretaría de Salud del Departamento, sobre los quemados con pólvora en el Departamento, durante toda la época de navidad y las celebraciones de fin de año, el balance no puede ser más doloroso y al mismo tiempo más preocupante.

Según el documento, entre el primero de diciembre pasado y el siete de enero de este año, se registraron en el Departamento, estando aún pendiente el último puente de Reyes, 28 personas quemadas con algún producto fabricado con pólvora, lo que significa, comparado con la temporada completa de celebración de hace un año, cuando los lesionados sumaron 19, un dramático aumento del 50%.

Pero adicional a las preocupantes cifras que reporta la Secretaría de Salud, resulta especialmente doloroso la gravedad de las lesiones sufridas por algunos los afectados y el número de menores quemados. De acuerdo con el mismo informe, casi la mitad de los afectados, doce personas, tuvo que ser hospitalizada; y una tercera parte del total, nueve, fueron menores de edad.

Esto sin decir que de los nueve menores quemados, dos eran niños; que dentro del total de los afectados con el abuso o mal uso de la pólvora, hubo personas que sufrieron amputación de miembros, o daños oculares, o afectaciones auditivas, o laceraciones graves que pueden dejar secuelas de por vida.

Hay que reconocer y destacar sin embargo, que de los catorce municipios de Risaralda, nueve no tuvieron un solo reporte de personas quemadas, lo que sin duda significa, de un lado un resultado significativo en las labores de control de la venta de pólvora y del otro, un avance en la respuesta de las comunidades ante el uso de un producto peligroso para las personas.

La pólvora constituye un peligro para todas las personas, sean hombres o mujeres, jóvenes o adultos, y obviamente para los menores y para los adultos mayores. Así sea que se trate solo de los inofensivos fósforos de Bengala, o los chorrillos ornamentales, o las velitas romanas, que supuestamente alegran la época de diciembre, todos mal utilizados, pueden convertir estos días en una fecha de dolor, de angustia y de recuerdos imborrables.

Por eso, es necesario revisar la estrategia, las medidas de control, las campañas de concientización y los procedimientos de verificación utilizados por las autoridades departamentales y municipales de salud, y por supuesto por la policía, para vigilar la fabricación, la comercialización y el uso de cualquier producto fabricado con pólvora. La evidencia demuestra que lo que se está haciendo, por lo menos durante la época de navidad y año nuevo que termina, no arroja los resultados que supuestamente se esperaban y que exigen la obligación de las autoridades de proteger a la vida y la salud de los risaraldenses.

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