Rey de burlas

Las cifras que aparecen en los registros oficiales no son ni la sombra de lo que cualquier ciudadano, por desprevenido que sea, observa en la calle y en los medios de comunicación.

 

La ley exige que los candidatos a las gobernaciones y alcaldías de las ciudades capitales registren el libro de ingresos y egresos a través del aplicativo denominado “Cuentas Claras”, y donde deben informar periódicamente todos los ingresos y los gastos que vayan teniendo durante sus respectivas campañas electorales.

Lamentablemente, como ocurre con todas las leyes en este país, esta norma, si nos atenemos al informe que presentó este periódico el pasado domingo sobre los reportes que a la fecha han hechos las distintas campañas, es otro rey de burlas de prácticamente todos los partidos y todos los candidatos a los distintos cargos de elección popular.

Por supuesto, esto no solo ocurre en nuestro departamento, sino en todo el país. Según el informe, de los 104.000 aspirantes inscritos oficialmente para las alcaldías y gobernaciones, apenas algo más de 6800, el 6,5%, han registrado su libro de “Cuentas Claras” en el aplicativo, conforme a lo dictado por el Consejo Nacional Electoral.

En Risaralda, aunque la burla no es tan grande, también se presenta este incumplimiento de la ley electoral. Según el mismo informe, dos de los candidatos para la alcaldía de Pereira no han registrado su libro ante el Consejo Nacional Electoral, aunque públicamente han sostenido que están al día con esta obligación.

Lo otro que constituye, en la mayoría de los casos y de todas las elecciones, un chiste, es lo que reportan las distintas campañas políticas y los candidatos. Las cifras que aparecen en los registros oficiales no son ni la sombra de lo que cualquier ciudadano, por desprevenido que sea, observa en la calle y en los medios de comunicación.

Quién va a creer, por ejemplo, después de asomar la cabeza por la ventana de su casa y solo ver por todas partes vallas, pendones, afiches, pasacalles y carros vallas con determinado candidato, amén de escuchar cuñas, videos y ver publicidad en cuanto portal existe, que lo que ha gastado hasta ahora un candidato apenas supera los 200 millones.

O quién va a pensar que se está actuando con la transparencia que se pregona por todas partes, si cuando se consulta el reporte de gastos de campaña de un candidato apenas llega a algo más de 20 millones de pesos, y cuando se recorren las vías del Departamento, no hay un solo poste donde no haya un afiche del austero aspirante.

Salvo que en Risaralda la actividad política sea gratuita, que las empresas que hacen vallas las regalen, que las emisoras no cobren las cuñas, que todos los pasquines digitales que hay pasen los videos sin costo, que las redes sociales estén en promoción, que las imprentas no estén facturando por su trabajo, que los hoteles estén prestando sin valor sus salones y que los tradicionales líderes hayan resulto esta vez trabajar por amor a la democracia; los reportes de las distintas campañas son el hazmerreír de los ciudadanos.

Y ni qué hablar de lo que, según el informe periodístico, tienen proyectado recaudar y gastar las campañas. Una vez más las leyes electorales y las que pretenden poner orden y garantizar la trasparencia en las elecciones, son una cuchufleta y un engaño para los ciudadanos.

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