Lo contrario hubiera sido, con muy reducidas expectativas económicas, desafiar una realidad que nadie puede desconocer y es que el país entró en la etapa más crítica de la lucha contra la enfermedad.
El Gobierno Nacional tomó la decisión de suspender el llamado tercer Día sin IVA, que se debía realizar mañana domingo, y aplazarlo para una nueva fecha aún no determinada, pero que de acuerdo con lo pedido por los gremios de la producción y las propias expresiones de algunos funcionarios, en el mes de octubre.
Según el presidente Duque, las medidas restrictivas tomadas por los mandatarios locales en varias ciudades del país y en algunos casos de aislamiento casi total de los ciudadanos para enfrentar el aceleramiento en los contagios del virus, y la limitación a la movilidad que hay en muchas zonas, impediría el normal desarrollo de la jornada y el cumplimiento de los propósitos que animaron al Gobierno a concretar esta iniciativa.
Aunque el Gobierno se ha esforzado en no reconocerlo y ahora no lo mencionó como una de las razones tenidas en cuenta para cancelar la jornada, no hay duda de que en medio del acelerado crecimiento en el país de los casos de contagio de la enfermedad en los últimos días, era una torpeza correr los mismos riesgos que ya se sabe produjo un amontonamiento de personas como el que generó los dos días anteriores y que nadie evaluó con la seriedad y severidad que el tema ameritaba.
No tenía sentido insistir en una programación de semejantes alcances comerciales, cuando en las grandes ciudades se habían anunciado encierros sectoriales, toques de queda nocturnos, pico y cédula para salir a la calle, prohibición de transporte intermunicipal y grandes limitaciones para la movilidad de las personas. Además como lo han pedido distintos sectores, es necesario revisar la orientación de estas jornadas.
La primera vez los equipos y elementos tecnológicos y los electrodomésticos se quedaron con los dineros ahorrados de los colombianos y en la segunda oportunidad, que solo se podía pagar con medios electrónicos, las ventas cayeron sustancialmente en una demostración de que no todos los colombianos tienen posibilidades de acceder a estas formas de pago.
De otro lado, para muchos ninguna de las dos jornadas ha llevado sus beneficios al comercio pequeño que es la gran mayoría en nuestras ciudades y en muchos municipios, y por tanto no ha sido útil en la búsqueda anunciada de la reactivación de la economía y la recuperación de los cientos de miles de empleos perdidos con la llegada del coronavirus.
Independiente, pues, de las dudas jurídicas pueda tener la decisión de suspender el tercer día sin IVA, nos parece que fue sensata y prudente. Lo contrario hubiera sido, con unas muy reducidas expectativas económicas, desafiar una realidad que nadie puede desconocer y es que el país entró en la etapa más crítica de la lucha contra la pandemia y que cualquier equivocación, además de que se paga con miles de contagios, podría salir caro en vidas humanas.
