Un pobre balance

El Departamento y el deporte de Risaralda, perdieron una extraordinaria oportunidad para mostrarse ante el país, exhibir la calidad de sus deportistas y mostrar sus escenarios deportivos.
El pasado jueves 28 de noviembre finalizaron los Primeros Juegos Nacionales y Paranacionales de la Juventud que tuvieron como sedes principales a las tres capitales del Eje Cafetero, con un balance muy pobre, prácticamente en todo los aspectos, en calidad de los escenarios deportivos, en organización, en divulgación y en asistencia de los habitantes de estas ciudades.
En un acto deslucido y casi clandestino, por la poca presencia de autoridades deportivas y personas vinculadas al deporte, realizado en el Coliseo Mayor de Manizales, se realizó la clausura del evento y se le entregó la bandera de los Juegos a los gobernadores  de Sucre y Córdoba, departamentos anfitriones de las próximas justas deportivas de la juventud en el año 2027.
Se dijó que los Juegos Deportivos de la Juventud se cumplirían un año después de la realización de los nacionales tradicionales para aprovechar los escenarios y toda la infraestructura deportiva que se construiría para estos y que en el evento en que alguno quedará empezado, se pudiera terminar y utilizarlo en los nuevo juegos de la juventud; pero ni lo uno, ni lo otro.
Como bien se sabe buena parte de los escenarios deportivos que se construirían o remodelarían y adecuarían para recibir los deportistas que participarían en lo XXIII Juegos Deportivos Nacionales y VI Paraanaioales, o nunca se hicieron, o no se terminaron, o no se adecuaron como se debía; y luego tampoco se terminaron, por lo que no sirvieron para el evento de los jóvenes lo que obligó a los deportistas a cumplir con la programación en escenarios improvisados e inadecuados.
Por lo demás, el apoyo anunciado por el Gobierno Nacional a los deportistas y delegaciones de las distintas disciplinas, para su traslado, permanencia y desplazamientos, nunca se entregó, lo que obligó a varias de ellas prácticamente a mendigar y cumplir su participación con inmensas limitaciones, que obviamente le quitaron competitividad, calidad y brillo a las competiciones.
En lo que tiene que ver con la participación de Risaralda, los resultados podría decirse que son satisfactorios, dado el precario apoyo que las distintas delegaciones recibieron del gobierno departamental. Un discreto octavo lugar, a pesar de que el departamento era sede, con 30 medallas, nueve de oro, cinco de plata y 16 de bronce, que más se deben a las condiciones y al esfuerzo personal de los deportistas que al apoyo oficial.
El Departamento y el deporte de Risaralda, perdieron, pues, una extraordinaria oportunidad para mostrarse ante el país, para exhibir la calidad de sus deportistas, para mostrar sus escenarios deportivos y para poner de presente el compromiso de sus autoridades y la capacidad de la región para organizar y cumplir con éxito eventos de esta categoría.

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