Colombia vuelve a dar tumbos en el manejo de las relaciones internacionales con los países amigos y con quienes ha habido una relación diplomática seria de tiempo atrás.
La respuesta del presidente Gustavo Petro a la decisión del gobierno de Inglaterra de pedirle visado a los colombianos que quieran viajar a ese país después de las tres de la tarde del próximo 24 de diciembre, más parece un chiste que una respuesta de quien maneja las relaciones internacionales de un país.
El Gobierno del Reino Unido dijo que un número muy significativo de personas que llegan de Colombia no lo están haciendo en plan de turismo y mucho menos de negocios, sino con el único interés de buscar, mediante la utilización de documentos y maniobras engañosas, que se le conceda el asilo y poderse quedar definitivamente en ese país; lo que lo obligó a tomar la drástica medida.
Ante esta entendible y razonable decisión, el presidente Gustavo Petro inmediatamente respondió que en aplicación del “principio de la reciprocidad”, el gobierno colombiano también exigirá, a partir de la misma fecha, visa a los ciudadanos del Reino Unido que quieran ingresar a Colombia.
Es natural que la decisión del gobierno inglés claro moleste al gobierno colombiano y es probable que sea injusta con un país que anualmente pone en esa tierra 200.000 colombianos y de ellos solamente 1.900, menos del 1%, violan la confianza y la generosidad con que ese país los recibe; pero la reacción de un presidente no puede ser esta.
Para el Presidente puede ser normal que al país lleguen dos millones de venezolanos, el 70% indocumentado, que puedan trabajar sin tener un documento que siquiera acredite su pasado judicia, que esos migrantes irregulares ocupen los posibilidades laborales que bien podrían ser de los nacionales y que haya que darles salud, vivienda, educación, trabajo, recreación y seguridad, sin ningún costo; pero no lo es para un país ordenado, estricto con sus normas, que cuando da un asilo es porque sabe a ciencia cierta que la persona está en riesgo real y, sobre todo que anda con la verdad y no le gusta que lo engañen.
Quien pierde con este impulso soberbio es Colombia. Inglaterra deja de recibir algunos colombianos que no podrán ir a ese país porque no tienen visa, aunque con seguridad a quien vaya a viajar en realidad de negocios o de turismo, que es la mayoría, le darán la visa y que para decir verdad no le dejan mucho. En cambio el país si la va a perder un número, ese sí importante, de turistas ingleses y de inversionistas que dejan ingresos para el país.
Tan absurda es la reacción del presidente Petro, que apenas pasadas tres horas el canciller Murillo estaba tratando de matizar el anuncio del “ojo por ojo”, de explicar que la medida no se aplicará de forma inmediata y que el gobierno colombiano espera que el inglés revise su decisión y levante la exigencia.
Colombia vuelve, pues, a dar tumbos en el manejo de las relaciones internacionales con los países amigos y con quienes ha habido una relación diplomática seria de tiempo atrás. Esta vez el blanco del descache es Inglaterra. Ojalá, esta salida en falso del Presidente no le cueste más al país de lo que ya le significó para su imagen, la bravuconada del presidente Petro.
