Risaralda en alerta roja

Ni siquiera se ha reunido el Consejo Departamental para la Gestión del Riesgo para analizar la difícil situación que afrontan varios municipios y tomar las medidas que permitan atender la emergencia.
El Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales (Ideam) había informado desde principio del año sobre la primera temporada de lluvias que se debía presentar a partir del mes de marzo; sin embargo no se esperaba que este fenómeno tuviera la intensidad que viene mostrando en muy buena parte del país.
Según la entidad, con corte a ayer, 830 municipios del país presentan algún nivel de alerta por el aumento inesperado de las lluvias, lo que significa que el 75% del territorio nacional está bajo la amenaza seria de deslizamientos, de crecientes súbitas, de desbordamiento de los ríos y quebradas, de bloqueo de vías y de cortes prolongados de energía.
Lo más preocupante de esto es que de acuerdo con los pronósticos y predicciones de la entidad, se espera que para lo que resta de mayo y el mes de junio, las condiciones en la región Andina continúen estando por encima de los registros de años anteriores con probabilidad de incrementos entre el 50 y el 70%.
En el Departamento, desafortunadamente, los efectos del aumento inesperado de las precipitaciones ya han empezado a tener consecuencias. Desde el amanecer de ayer el municipio de La Virginia está en alerta roja por el alto nivel del río Cauca y los municipios de Balboa y La Celia están completamente aislados por la pérdida total de la banca en un tramo importante en el sitio conocido como Cachipay.
Por otro lado, en Dosquebradas se presentó una grave emergencia a causa de un deslizamiento en el barrio Pueblo Sol que prácticamente sepultó media docena de viviendas y dejó atrapadas a dos personas adultas; y en Quinchía la vía que lo comunica con el corregimiento de Irra, está totalmente fuera de servicio.
Esto sumado a que, según las declaraciones de alguno de los funcionarios encargados de prevenir y atender las emergencias, los catorce municipios del Departamento tienen algún nivel de riesgo de sufrir bien deslizamientos, o crecientes súbitas, o inundaciones, o vendavales o descargas eléctricas, o daños inesperados.
Lo más grave es que hasta ahora nada han hecho las autoridades departamentales para enfrentar esta ola de invierno, ni las emergencias ya presentadas. Ni siquiera se ha reunido el Consejo Departamental para la Gestión del Riesgo para analizar la difícil situación que afrontan varios municipios y tomar las medidas urgentes que permitan atender la emergencia.
Por supuesto, controlar la naturaleza es imposible, pero prevenir sus efectos o por lo menos moderarlos y prepararse para atenderlos en la eventual ocurrencia de una emergencia, si puede ser posible. De allí la necesidad de revisar las actuales medidas y sobre todo los protocolos para atender inmediatamente cualquier hecho grave que se pueda presentar en el Departamento.

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