Recuperar la confianza y generar un manejo prudente de la política fiscal son factores clave para recuperar la sostenibilidad de la deuda pública y reducir la pérdida de contribuyentes y el riesgo de menor inversión.
Aunque la Dirección de Impuestos y Aduanas Nacionales (Dian) proyecta que el recaudo neto de impuestos para 2025 alcanzará los $280,3 billones, equivalentes al 15,4% del PIB, un 15 % más que en 2024, su director, Luis Eduardo Llinás, advirtió que esta expectativa es inferior a lo planteado inicialmente por el Gobierno.
Lo anterior se explicó en la más reciente reunión del Consejo Superior de Política Fiscal (Confis), donde la meta fue ajustada a la baja desde los $298,9 billones que se habían previsto. Con corte a junio, el recaudo bruto se consolidó en $149,1 billones, mientras que el neto llegó a $136,6 billones, una variación de 6,7% frente al mismo periodo del año pasado, equivalente al 48,7% de la meta anual.
Esta situación se enmarca en una realidad económica cada vez más evidente: la salida y fuga de capitales, tanto de inversionistas extranjeros como de contribuyentes nacionales, se ha convertido en un reto para las finanzas del país.
Mayor fuga
Un artículo de Bloomberg reveló que, en julio, los extranjeros vendieron bonos en pesos colombianos por más de $13 billones (US$3.200 millones), el mayor monto desde 2013. El balance neto de esas operaciones fue de -US$1.560 millones, un récord que refleja la desconfianza de los inversionistas internacionales.
Para Hernando Espitia, director de la Escuela de Contabilidad y Finanzas Globales del Politécnico Grancolombiano, la fuga de capitales no solo ocurre por la salida de inversionistas extranjeros. También obedece a que colombianos con altos patrimonios trasladan su residencia fiscal a otros países de Centroamérica o de Medio Oriente, donde la carga tributaria es menor.
“Ya solo tienen que tributar sobre los activos que posean en Colombia, pero lo que tienen afuera ya no lo deben tributar. Ahí es donde se presenta esa fuga de capital”, aseguró Espitia. También hay casos en los que la fuga de capitales ocurre por desinversión real, como cuando una empresa extranjera decide no continuar en un proyecto de exploración de hidrocarburos en Colombia.
Impacto en la economía
El fenómeno trae consigo consecuencias inmediatas: menos recursos disponibles en el sistema financiero para créditos, menor inversión privada y desaceleración en sectores estratégicos como vivienda, salud e industria. El primer canal de afectación de una fuga de capitales es el impacto en los precios de los activos financieros, como la depreciación de la moneda y el aumento en las tasas de financiación del Gobierno y del sector privado, asociado a una mayor prima de riesgo crediticio.
“Cada peso que sale es menos capital para prestar, menos inversión en el país y menor consumo. La alta tributación está empujando a los contribuyentes a buscar alternativas afuera”, precisó Espitia, quien advierte que las reformas tributarias recientes han incrementado la presión sobre las personas naturales, elevando las tasas hasta 5% por encima de otros países de la región.
Por su parte, Julio Romero, economista jefe de Corficolombiana, indicó que: “Luego viene el impacto en el sector real, a través de un incremento en la inflación (encarecimiento de bienes importados por la depreciación), aumento en las tasas de política monetaria y desincentivo a la producción, la inversión y el empleo. La situación fiscal también se ve afectada por el efecto de la depreciación y las mayores tasas de interés sobre la deuda”.
Confianza en entredicho
Expertos coinciden en que la confianza es el principal motor de una economía. En agosto, el Índice de Confianza del Mercado Accionario se ubicó en 86,2%, una leve mejora frente a julio (84%), pero con una caída de 6,9 puntos respecto al mismo mes de 2024. “Las personas buscan protegerse y prefieren mantener su capital en el exterior. Hoy la renta presuntiva es cero, lo que implica que tener patrimonio en Colombia no genera cargas adicionales, pero aun así la incertidumbre empuja a los inversionistas a salir”, señaló Espitia.
Reforma tributaria en debate
El Gobierno prepara una nueva reforma tributaria que busca ampliar la progresividad del impuesto de renta y patrimonio, fortalecer el tributo al carbono y los llamados impuestos saludables. El ministro de Hacienda, Germán Ávila, aseguró que los productos básicos de la canasta familiar no se verán afectados. Sin embargo, el proyecto plantea gravar sectores como el del alcohol y el tabaco, cuyas rentas financian buena parte del sistema de salud.



