Pereira, 19 de diciembre de 2025. El Consejo Municipal del Paisaje Cultural Cafetero (PCC) cerró su agenda de 2025 con un balance que fue más allá del recuento administrativo. En el encuentro, los participantes revisaron el estado actual de uno de los patrimonios más representativos del municipio y coincidieron en un punto clave: la permanencia del PCC no depende solo del reconocimiento simbólico, sino de que la vida campesina y la caficultura sigan siendo viables en el territorio rural.
Durante la sesión se destacaron avances en la articulación entre instituciones públicas, sector productivo y aliados estratégicos, así como la persistencia de limitaciones que frenan la gestión integral del paisaje. El diagnóstico compartido apuntó a que la protección del patrimonio cafetero se define, en la práctica, por su sostenibilidad económica y social en el campo, en medio de transformaciones productivas y cambios sociales que presionan la ruralidad.
Uno de los ejes centrales del análisis fue el fortalecimiento del campesinado y de los caficultores, considerados actores determinantes para la conservación del paisaje. Productividad, planificación territorial y acceso a condiciones que permitan sostener la actividad cafetera aparecieron como variables críticas para evitar que el patrimonio se deteriore. En esa línea, se insistió en priorizar acciones en las zonas rurales, donde se materializa el vínculo entre cultura, economía y territorio.
El Consejo también puso sobre la mesa uno de los riesgos más sensibles: el relevo generacional. La disminución de jóvenes vinculados a la caficultura y el envejecimiento de la población rural fueron señalados como amenazas directas para la continuidad del Paisaje Cultural Cafetero. Sin estrategias que conviertan el campo en una opción atractiva y rentable, la caficultura —y con ella el paisaje— corre el riesgo de quedar reducida a un referente histórico, desconectado de la realidad productiva.
El balance dejó en evidencia una tensión estructural: preservar un legado cultural en un entorno que exige competitividad, innovación y capacidad de adaptación. En Pereira, el café sigue siendo más que un símbolo identitario: es un sistema productivo que necesita condiciones técnicas, económicas y sociales para mantenerse vigente.
Con el cierre de 2025, el debate empieza a desplazarse —según lo expuesto en el Consejo— de la protección formal hacia la sostenibilidad real. En un escenario de cambios profundos en el sector rural, el reto para la ciudad será convertir el PCC en un activo vivo: capaz de adaptarse sin perder su esencia. El rumbo de los próximos años marcará si el Paisaje Cultural Cafetero continúa como expresión dinámica de identidad regional o si queda relegado a un relato del pasado.



