Pese al crecimiento del turismo en Risaralda, aún persisten deficiencias en infraestructura, oferta, seguridad y educación ambiental.
El turismo continúa consolidándose como uno de los motores económicos de Risaralda. De acuerdo con el más reciente balance del sector, la actividad turística representó en promedio el 5,6 % del PIB regional durante el último año, con una participación del 4,65 % en el departamento. Según cifras de Anato, con base en datos de Migración Colombia, en 2024 Risaralda recibió 53.806 visitantes extranjeros, lo que significó un crecimiento del 9,1 % frente a 2023.
Además, el Ministerio de Comercio, Industria y Turismo reportó que el departamento concentró el 54,3 % de los visitantes extranjeros que llegaron al Eje Cafetero, consolidando su liderazgo regional. Entre los principales países emisores de turistas hacia esta zona se destacan Estados Unidos (40,2 %), España (10,1 %), Panamá (6,1 %), México (5,5 %) y Ecuador (4,8 %), de acuerdo con Migración Colombia.
El crecimiento también ha sido notable en conectividad. Según la Aerocivil, durante 2024 se movilizaron 2,6 millones de pasajeros por vía aérea, un incremento del 25,2 % frente a 2023. Sin embargo, la tendencia cambió en 2025, dado que entre enero y julio el tráfico aéreo cayó 9,4 %, reflejando señales de desaceleración.
A pesar del repunte de los indicadores, el turismo en Risaralda se desarrolla sobre una base frágil, marcada por carreteras deterioradas, escasa seguridad rural, ausencia de controles y poca formación ambiental. Estas deficiencias amenazan con convertir el crecimiento en un problema estructural.
Caso Dosquebradas
El fenómeno se observa con claridad en Dosquebradas, particularmente en la Serranía Alto del Nudo, donde el aumento del turismo ha sido acelerado. Según la Fundación Serranía Alto del Nudo, antes de la pandemia existían “entre tres y cuatro establecimientos turísticos”; hoy hay entre 25 y 30. El número de visitantes también se multiplicó: “En un domingo cualquiera pueden subir entre 200 y 300 vehículos hacia la frontera del nudo”, explicó Harrison Aguirre Flores, tesorero y líder de la organización.
El incremento ha generado oportunidades económicas, pero también dudas alrededor de la oferta turística y la infraestructura. “El turismo en las zonas rurales y áreas protegidas creció de manera exponencial después del confinamiento, cuando la gente empezó a buscar espacios naturales. Ese aumento se notó no solo en Dosquebradas, sino en todo el departamento y a nivel nacional”, señaló Aguirre.

No obstante, el líder advirtió que el crecimiento no ha estado acompañado de gestión: “En algunos momentos el turismo se ha desbordado y aún falta educación y cultura ciudadana para proteger los ecosistemas”.
No hay una oferta real
Según el administrador ambiental Carlos Uribe, el problema central es la falta de estructuración de paquetes turísticos: “Carecemos de empaquetamiento turístico”. Esto impide que los visitantes prolonguen su estadía y que los beneficios económicos lleguen de forma sostenida a las comunidades.
Uribe recordó que cerca del 40 % del territorio risaraldense está bajo alguna figura de protección ambiental, lo que representa una ventaja competitiva para el turismo de naturaleza. “Risaralda tiene casi la mitad del departamento cubierto por bosques, pero no hemos sido capaces de construir un discurso frente al turismo de los bosques, el senderismo, el biciturismo y la caminata”, afirmó.
Narrativa turística
Otro de los retos identificados es la ausencia de un relato turístico que incorpore la historia y la ancestralidad local. Uribe citó el caso del río Otún para ejemplificar esa carencia. El especialista resaltó la relevancia del afluente, del cual depende el suministro de agua para más de 600.000 personas del área metropolitana. “La recuperación de esos relatos y su incorporación en rutas interpretativas permitiría fortalecer la identidad local y mejorar la experiencia del visitante”, sostuvo.
Y agregó: “Pereira tiene mucha oferta turística, pero no tengo dónde consultarla ni tengo un paquete. Tenemos una dificultad muy grande en el discurso que hemos construido”. Lo cual, de acuerdo con el experto, sigue siendo incipiente a pesar de los esfuerzos de la administración municipal y departamental.
Educación ambiental y gobernanza
Tanto la Fundación Serranía Alto del Nudo como los operadores turísticos coinciden en que la sostenibilidad depende de la educación ambiental y la articulación institucional. Uribe añadió que el fortalecimiento del turismo debe basarse en el diálogo entre operadores, comunidades e instituciones públicas, con el fin de consolidar una gobernanza participativa que promueva la conservación y el desarrollo local.
Falencias en seguridad
La situación se agrava por la escasa presencia institucional. En toda la Serranía Alto del Nudo, que abarca cerca de 18 veredas, solo operan siete policías, lo que resulta insuficiente para garantizar la seguridad en un territorio como este.



