César Augusto Orozco es un profesional de aquellos medios de comunicación que tuvieron su furor en las décadas de los 80, 90 y de principios del siglo XXI, que pasó de la radio comunitaria de Balboa, Guática y Supía a Univisión y CNN, grandes cadenas internaciones, luego de trasegar también por medios intermedios en Colombia y los Estados Unidos, más de una decena de estaciones y canales de comunicación y atendiendo diferentes roles, desde la reportería, pasando por la selección de contenidos para servicios informativos que traspasaron muchas fronteras hasta el cubrimiento de eventos y sucesos de importancia mundial.
Hablar con César Augusto es escuchar una enciclopedia llena de anécdotas, paisajes, momentos históricos y hasta conectarse con personalidades de gran influencia mundial. Actualmente está retirado temporalmente de los medios grandes, pero mantiene colaboraciones con programas y estaciones, reporteando, opinando, conversando con personalidades. Su labor hoy la goza desarrollando actividades estratégicas en la aerolínea Delta Air Line, hasta cuando se le antoje regresar, porque se considera un comunicador del mundo.
¿Cuándo se hizo comunicador?
Desde muy niño me deleitaba con el mundo de las comunicaciones, de la radiodifusión, de la radioafición y de otra pasión que heredé de mi padre Juan Bautista, la electrónica. Y fue él al lado de Eduardo y un sacerdote tío quienes me inspiraron en las lides de la radiodifusión, inicialmente en la KSJO una emisora parroquial que mi padre construyó en Balboa, Risaralda, aprovechando sus conocimientos de la electrónica. Siendo aún adolescente hacía mis programas de complacencias todas las mañanas y en Semana Santa me aventuraba a hacer las transmisiones, era todo un evento local, al tiempo que era adicto a escuchar emisoras internacionales, en un radio grande que tenía mi padre, sintonizaba en onda corta Radio Moscú, La Voz de América, Radio Netherlands, Radio Praga, entre otras. En temporada de vacaciones me llamaban también a colaborar en emisoras de otros municipios cercanos y posteriormente me abrí paso en Pereira para trabajar en Radio Reloj, una estación muy querida de Caracol Radio.
¿Cómo su paso de los medios locales a los medios internacionales?
A veces las situaciones dolorosas se convierten en oportunidades, amando sin límites a mi madre, mi padre era mi ídolo y lamentablemente murió y eso me causó mucho dolor. Un día tomé la decisión de partir a los Estados Unidos y me conecté con radios, unas pequeñas y otras muy grandes. Inicialmente llegué a San Francisco, fue volver a empezar, en esa ciudad conocí varias estaciones, ofrecí mis servicios y valoraron mi voz y mi experiencia, rápidamente empecé en una pequeña estación de radio, esa fue la puerta de entrada, luego me llamaron de otras emisoras y bueno aproveché las oportunidades, hasta llegar a Univisión. Posteriormente fui corresponsal de CNN en San Francisco y esa fue la entrada a esa cadena internacional. Lo más grande para mí fue cuando me comunicaron que ya no iba a ser más corresponsal. Por unos segundos me paralicé, y pensé sobre lo que pude haber hecho mal y no lo encontraba, hasta cuando el anuncio era que iba a ser trasladado a la sede central de CNN en Atlanta, justo para los juegos Olímpicos de 1996. En CNN realice selección de contenidos para estaciones aliadas en todo el mundo, hice reportería, doblajes en directo y grandes cubrimientos que me llenan de orgullo.

¿Cómo es que estuvo a punto de trabajar en Radio Pekin?
En un vuelo Bogotá – Miami conocí a un brasileño que hablaba muy bien español, iniciamos una conversación y resulta que era el director general de la sección de lengua española de Radio Pekin. En esa conversación se mostró un interés mutuo y terminé siendo corresponsal de esa cadena de radio. Transcurrido un año me invitaron para que hiciera parte del elenco central de esa radio, trabajando de planta, eso me interesó mucho, pero cuando el director me explicó las condiciones para trabajar en esa país, preferí quedarme en los EEUU.
¿El trabajo realizado le mereció algunos premios?
La Organización de Periodistas Iberoamericanos OPI me otorgó en dos oportunidades la distinción personalidad Iberoamericana del año, uno fue el 2016 en ceremonia que se realizó en la Casa de Henares de Madrid España y el segundo en 2017, durante acto que se realizó en la sede de la UNESCO en París. Estas distinciones fueron otorgadas por participar en el cubrimiento Internacionales como el terremoto de San Francisco que fue muy catastrófico y nos quedamos sin posibilidades para producir y transmitir material informativo, en esa oportunidad le pude contar al mundo lo que sucedía aprovechando otra de mis pasiones como radio aficionado que soy, lo hice a través de una banda ciudadana, así transmití varias horas. Otro hecho destacado por la OPI fue el trabajo periodístico que hice para CNN durante el ataque contra las torres gemelas en el 2011. La otra razón fue por la labor extra de acompañamiento a actividades sociales, en Centro América y en los Balcanes.
¿Cree que las grandes estructuras de los medios de comunicación están en riesgo?
Estamos en un momento crítico de la comunicación, esa que conocemos de los medios tradicionales, llámese radio, prensa y Televisión; el problema, por un lado, es de credibilidad, los públicos ven hoy con desconfianza lo que las grandes cadenas, los periódicos entregan en sus contenidos. Porque se ha dejado crear un manto de duda muy fuerte en términos de intereses: económicos o políticos, interés de poder. Muchas veces los medios callan un hecho importante por conflicto de intereses, porque se pone en riesgo una pauta o porque el resultado de la unidad investigativa pueda desprestigiar al político o a la empresa que causa graves daños ambientales, por ejemplo. Ahora, lo que ocurre es que quienes ostentan los poderes económicos o políticos se adueñaron de los medios porque en su momento identificaron una oportunidad de negocio. Otro factor que influye en este campo, tiene que ver con el desempeño de los periodistas, aquí tenemos que ser autocríticos, han escaseado los profesionales arriesgados e intrépidos para ir mas allá de lo que una fuente señala. Eso ha desgastado la comunicación mediática tradicional. Todo eso se conjuga con la velocidad del tiempo, tenemos crisis de tiempo. Ese es el otro problema, cuando el ciudadano que es consumidor de información, ya no tiene tiempo para leer el periódico o para sentarse media o una hora a ver noticiero o escuchar la radio y ahí entra la nueva comunicación, la de las redes sociales, los “medios virtuales”, aquellos donde no hay contexto, donde no hay análisis, donde no hay ética y muchas veces no hay respeto por el receptor.
¿Como ve al nuevo comunicador?
Es complejo, pero el nuevo comunicador tiene un reto muy grande, conquistar sus públicos, saber identificar que quiere ver, leer, escuchar. Hoy tenemos un público muy exigente, quiere estar bien informado, a tiempo y usando la menor cantidad de minutos. Ese nuevo comunicador también debe dominar lo que se denomina la convergencia digital, es decir ofrecer sus contenidos en formato audiovisual, en podcast y por escrito. Otro reto es saberse diferenciar de aquellas personas que ponen contenidos de manera irresponsable y falsas noticias. Aunque el amarillismo o el sensacionalismo vende mucho, debe saberlo mostrar. Es un reto ayudar a formar públicos. Así como el sector cultural se propuso la formación de públicos para poder masificar el gusto y el sentido de los hechos culturales, hoy el comunicador tiene que proponerse una reinvención y reinventar sus públicos no hay de otra, es también una responsabilidad social, hacer entender que no todo lo que se publica en las redes es real. Pero en muchos medios desapareció el compromiso con la sociedad y lo que impera es el interés económico.
¿Cuál es el límite de lo que se debe o no decir en un medio?
Lo primero es que no debería haber censura, sin embargo esa condición debe estar acompañada de unos principios a los que no debería renunciar ningún comunicador para ganar ese derecho. Se debe informar en el contexto de la objetividad, la imparcialidad y la veracidad; entre otras cosas una de las formas principales para lograrlo, es haciendo una ecuación muy simple, vigilar y cuestionar constantemente las acciones de los políticos, hacerlos partícipes y educarlos a ellos a buscar la verdad por sus acciones en espacial lo que afecta a cada uno de los ciudadanos. Lo ideal es que los medios y los periodistas se pongan del lado de la sociedad y no de los políticos. El periodista no debe ser el vocero del político, debe ser un mediador entre lo que la sociedad requiere y los planteamientos políticos. Debe controvertir no tragar entero y por sobre todo no tomar partido. El comunicador debe asumir un papel pedagógico para que el ciudadano tenga herramientas a la hora de tomar una decisión política. Eso demanda estar bien informado del contexto con cifras, datos y saber del entorno social, económico, entre otras cosas.
“Ahora, lo que ocurre es que quienes ostentan los poderes económicos o políticos se adueñaron de los medios porque en su momento identificaron una oportunidad de negocio”.



