Daniela Gaviria, linda, fuerte y humana

A finales de 2022, las redes sociales sacaron a relucir la belleza de una pereirana que literalmente paraba el tráfico y no por su empleo como guarda de tránsito del Instituto de Movilidad de Pereira, sino por sus atributos físicos. El video de ‘la agente más linda de Pereira’, le dio la vuelta a Colombia y fue replicado por los medios de comunicación nacionales.

Lo que pocos saben es que justo por esos días, Daniela llevaba la procesión por dentro física y emocionalmente, los calambres y el cambio de coloración en sus manos eran solo el comienzo de los que los médicos le dirían ‘padeces Esclerosis sistémica progresiva’, una enfermedad crónica, rara, de las llamadas autoinmunes, de causa desconocida y en algunos casos denominada ‘huérfana’.

“Gracias a Dios he sido una mujer muy sana, simplemente esta condición despertó y tuvimos que arrancar una serie de tratamientos para tratar de frenarla, porque empezó a avanzar de manera muy rápida y el cuerpo a rechazarlos todos, la última opción era el trasplante de médula ósea”.

Tiempo en aislamiento

Cuando en Colombia se habla de trasplante, la primera idea que tiene el paciente y su grupo familiar es la de la espera, pero la energía de Daniela tiene algo tan especial, que todo lo necesario se dio en el tiempo que debía ser. “Mi trasplante fue autólogo, no necesitaba donante, se trabajó sobre mis propias células. Ellos hacen una recolección de células bajo unos medicamentos, es todo un proceso en el que me fue excelentemente bien y así duró 40 días”.

Ese tiempo del que Daniela habla, fue a finales de 2024, cuando debió trasladarse a Cali, hasta la Clínica Valle de Lili, para ser aislada junto a su mamá, Claudia Valero, otra reconocida agente, que no la ha dejado sola ni por un momento. Pasar más de un mes encerradas a 15 grados centígrados, es para gente muy valiente. “Cuando lo del cabello, estábamos allá, yo le hice el primer corte y ella jamás lloró”, recuerda doña Claudia.

Daniela explica que en este tratamiento cuando las células están guardadas y congeladas, empiezan a dejar el cuerpo en ceros, “esa es la verdadera parte riesgosa del proceso”, siguen las quimioterapias, otros medicamentos y después vuelven a poner esas células “que es el trasplante en sí mismo” y hay que esperar a que injerte. “Cuando es autólogo se espera que no rechace porque son tus propias células”. El riesgo proviene de la posibilidad de infección, es un proceso pesado porque son quimios diarias y el riesgo de caer en Cuidados intensivos es latente. “Pero estuve muy positiva”.

Dos años duros

Mientras todo el mundo imaginaba que esta hermosa mujer estaba ocupada con miles de pretendientes e invitaciones, luego del éxito en redes sociales. La realidad era muy distinta, el cuerpo de Daniela rechazaba las opciones que había antes de llegar al trasplante, “en una oportunidad me vio el hematólogo y me frenó el proceso por primera vez por el riesgo que implicaba para mi edad, tengo 30 años, estoy relativamente joven”.

Esta es una de las imágenes más reconocidas de Daniela, cuando ejercía su profesión en el Instituto de Movilidad de Pereira.

¿Qué era lo que pasaba con usted? “Es que el cambio de color en mis manos no es en piel, sino que hace vasoconstrucción, se ponen moradas, casi azules, como si me estuviera dando hipotermia y eso pasa cuando tengo una emoción muy fuerte, estrés o en un cambio mínimo de temperatura. Pensé, esto ya no es normal, a mí ni siquiera me da una gripa”.

La condición de Daniela no es hereditaria y mucho menos contagiosa, pero la pensionaron porque ella no puede estar en aglomeraciones, bajo contaminación de los vehículos de forma constante o los cambios climáticos.

El presente y las ganas de echarle ganas

“El trasplante ha sido tan exitoso que el doctor me dice que en su carrera o en su tiempo, ha sido la reconstitución postrasplante más rápida que ha visto. Es tanto así que se supone que tenía que estar en controles por un año y en el tercer control me dio de alta. Sigo en tratamiento, porque la enfermedad después de este trasplante no se quita, no tiene cura, ella sigue pero la idea del trasplante es tener el control y calidad de vida, porque en el momento que me hacen el tratamiento ya tenía mis manos recogidas, mi piel estaba para reventarse, tengo mucho compromiso pulmonar, pero la idea es controlarla y que no siga avanzando tan rápido”.

¿Qué ha pasado con su trabajo y cómo se han manejado desde el Instituto? “En el momento en que me diagnostican estoy como agente, mi salud empieza a irse a pique y era como una balanza, pasaban cosas bonitas por parte del video viral y a la vez cosas muy fuertes por medio de la enfermedad. Se empieza un proceso de incapacidades y se llega a un punto en que no puedo seguir laborando y empieza el proceso de pensión, realmente he sido muy bendecida, porque la pensión salió ahí mismo”.

Daniela no quería realmente empezar incapacidades, le decía a la reumatóloga que esperara, porque ella sentía que todo eso podía mejorar. “Decía constantemente voy a salir de esto, esto no puede ser verdad y ella me decía que necesitábamos empezar porque toda la contaminación visual, auditiva, todo, todo me hacía daño y como es algo progresivo pues…”.

Es complicado llevar una vida de las que denominan normal, cuando hay dolor constante… Ahora, “Cuando te puedes levantar de la cama es un logro, son cosas que se normalizan y hubo días en que no lo podía hacer, ahora después del proceso me siento bendecida porque me siento muy bien”.

Se puede decir que el 70% de las enfermedades son emociones que no se sueltan y el cuerpo todo lo somatiza. La rabia, el resentimiento y las tristezas, el cuerpo lo muestra todo el tiempo. ¿De dónde se saca tanta fuerza y valentía? “Daniela Gaviria antes del proceso, era una mujer llena de falencias que valoraba lo simple, pero que creía que estar rodeada de mucha gente era lo que estaba bien, pero no lo estaba de las personas cercanas del círculo realmente importante. Entendí que la idea es estar tranquilo sin estar pendientes de la perfección sino de la felicidad y eso indirectamente te va a hacer sentir bien”.

“Sobre lo que no tengas control, que no perturbe tu dicha”.

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