Jorge Luis Ceballos Liévano es un profesional como pocos; primero, especialista en glaciares del Ideam, sí, una persona que sabe mucho de hielo en la alta montaña y segundo, hace de una charla magistral, un recorrido y aprendizaje divertido, independiente de que el tema sea triste.
La desaparición inminente del glaciar del Nevado de Santa Isabel tiene varios matices: es triste, porque es una montaña blanca menos en el trópico, lo que asegura el experto que en sí mismo es muy especial; pone a pensar sobre el trabajo que se hace en la toma de conciencia y preservación de los mismos, a la vez que sorprende observar cómo el ecosistema de páramo reclama para sí el territorio que deja el hielo.
Panorama
Poleka Kasue es el nombre indígena del Santa Isabel, que para estar extinto totalmente no tomará más de cinco años, de Kumanday (El Ruiz) y Dulima (Tolima) no hay certeza, y depende de la ocurrencia del Enos, (temperaturas y vientos asociadas al fenómeno del Niño) más el albedo (tonalidad oscura que acelera el deshielo y que, para este caso, se asocia o suma en gran medida a las cenizas volcánicas de provienen del Kumanday).
La pregunta que hizo Jorge Luis Ceballos, al auditorio que ayer fue a documentarse sobre la agonía del gigante local fue ¿Cómo adaptarnos como sociedad, al cambio, los nuevos escenario y paisajes? “Colombia en los últimos dos años, entre el 2022 y el 2024, perdió un poco más de dos kilómetros cuadrados de glaciar, eso significa casi 7% en dos años. Es una cifra preocupante y todo porque los glaciares están respondiendo al calentamiento global actual y se están derritiendo. Esto es un mensaje, los glaciares son los mejores indicadores de la intensidad del cambio climático. Nos están diciendo qué está pasando, y monitorearlos es fundamental, que cada país que tenga hielos en sus territorios los observe, como lo hacemos en Colombia”.
Ceballos dijo que el evento de ayer era una especie de conmemoración, “de reivindicación de lo que sentimos los colombianos por los glaciares”. Lo anterior en referencia a que en Venezuela ya no queda nada y que se informó cuando desaparecieron totalmente.
Cambios
En esta carrera evolutiva, el que se adapta es el más fuerte. “Hay noticias buenas también, está surgiendo vida en estas partes que están siendo abandonadas por el Santa Isabel”. ¿Qué tan bueno es esto? “No lo llamemos bueno ni malo, son cambios que se están presentando y la clave es adaptarnos a esos cambios. Una primera medida de adaptación es registrar, monitorear el agua en todos los estados, sólido, líquido y gaseoso. Mirar el clima, los pronósticos, los escenarios de cambio climático, monitorear los glaciares, monitorear el agua en los páramos y en el bosque altoandino”. ¿Lo que están haciendo las autoridades en compra de predios en estas zonas, beneficia a los páramos? “Sí, claro, entre más protejamos y conservemos estas fuentes de agua, ¡fabuloso! Y, como mencioné en la charla, gran parte de la tarea la hemos hecho”.
El glaciólogo comentó que al Santa Isabel lo mató su poca altura en comparación con otros glaciares colombianos, ya que lo que permite la existencia de los mismos es la caída de nieve y por eso cuando el fenómeno se presenta, los expertos celebran. Pero el Santa Isabel tiene en sí mismo un misterio, ya que escaladores de cumbres expertos como Nelson Cardona (Everest) y Natalia Castañeda (Antártida), le expresaron a Ceballos que el Santa Isabel era más frío que estos lugares.
El gran cambio data de la década de los años 80. En las observaciones, se ha registrado un ascenso de casi dos grados en el norte de Boyacá, “si ustedes llevan un termómetro a un glaciar colombiano, y toman datos cada hora, cada día, cada mes, o un año seguido, el 87%, mínimo el 75%, les va a dar superior a cero grados centígrados, y sabemos que el hielo se derrite por encima de cero grados, eso indica que hay un desequilibrio entre el clima y los glaciares. Aquí medíamos agua del Santa Isabel, ya no hay río ni glaciar”.
El fin
El Santa Isabel, como comentó Ceballos, fue escenario deportivo por su frío, por sus grietas, por su nieve y por sus pendientes. Para el 2010 ya el cambio era terrible, pero se conservaba un promedio de espesor de 50 metros de hielo. El principio del fin comenzó en 2016.
“Hace medio siglo estamos creando parques nacionales naturales, tenemos un sistema de áreas protegidas, privadas, públicas. Gran parte de los páramos están protegidos por ley. También debemos darnos felicitaciones a nosotros mismos, gran parte de la tarea la estamos haciendo bien”.
Es un documentalista privilegiado, conoce áreas de los glaciares a los que pocos colombianos han ingresado por ser áreas protegidas por comunidades indígenas que las consideran sitios sagrados y otorgan escasos permisos.



