Cuando el invitado de hoy llegó a la UTP, esta era una pequeña finca con menos de mil estudiantes, Álamos se llamaba Cohapro (Corporación de habitación de los profesores), Pinares era un bosque por el que llegaban caminando y así han transcurrido 50 años consecutivos en la docencia.
La historia del profesor Ricardo López Varona en Pereira, comienza en 1964, cuando trasladan a su padre, que era militar. “Me matricularon en el colegio Liceo de Pereira, ya no existe, pero lo curioso fue que me tocó de rector César Gaviria Trujillo, él me entregó el premio al mejor bachiller de Colombia, que en esa época se llamaba ‘Bachiller Coltejer’”.
Simplemente Ricardo
La vida universitaria arranca, él era un estudiante de ingeniería común y corriente, como se dice, “una profesora renunció y la Universidad trató de contratar a alguien para dictar los tres cursos de Cálculo integral, yo había tenido buenos resultados en algunas pruebas académicas y supe que dijeron: ‘pongan a ese muchacho’, pero yo no podía porque era un estudiante sin título, entonces el rector que era don Juan Guillermo Ángel y el vicerrector Javier Arroyave, consiguieron que el Consejo superior diera permiso”.
Al tener amistad con el expresidente, no tardaron en llegarle ofrecimientos para trabajar en el gobierno, pero los rechazó. “Me sentía bien en la Universidad, sentía pertenencia y veía un escenario en el que uno podía proyectar y hacer su vida”. El profesor Ricardo es caucano de nacimiento, tímido, tranquilo y respetuoso, la base de su vida es la familia. Emparentado con la esposa del Sabio Francisco José de Caldas, se le sube el calor a la cara cuando se le dice que de ahí proviene su inteligencia.
El profe
¿Cómo lo empezaron a tratar los compañeros? “Era un mundo distinto, fue una experiencia que me hizo crecer muy rápido, porque los compañeros mayores me decían que estaba en un trabajo en el que requería madurez y ética. Finalmente me gradué y pude concursar como profesor de planta, porque tenía la experiencia”. ¿También lo tentó la empresa privada? “sí, pero la Universidad me dio la oportunidad de crecer, no solo por el salario sino académicamente, pude hacer la Maestría en Física teórica de la Universidad de Antioquia”.
¿Cómo es su cotidianidad? “A pesar de mi edad soy muy moderno, porque he incursionado en computación cuántica que es el mundo del futuro. Además, con los años y la cuántica se enseña a comprender el universo. Los profesores pasan por el aula donde estoy y me saludan, ‘hola profe’, los estudiantes aterrados me preguntan ‘¿usted fue profe del profe?’. Enseño es a aprender, no solo hablamos de resultados técnicos, sino de la historia, de cómo se hizo la ciencia y les genero autonomía a través de que escriban documentos de todo lo que hacemos en clase, se llama ‘las memorias de los cursos’ y ellos me dicen que aprenden mucho así. Disfruto la Institución, es mi terapia”.
“El haber compartido con tantas personas y realidades, al interior de la Universidad, no solo en lo académico, es un privilegio. Fue conocer en la UTP, la grandeza humana”.
El profesor Ricardo, sencillo y buen conversador, tiene ascendencia sefardí por su apellido Varona, solicitó la nacionalidad portuguesa y está en cola. Su retiro forzoso será en Europa.



