En Santa Rosa de Cabal, reside una joven mujer dedicada a transformar deseos en pedidos en un proceso que se distingue por no ser industrial.
Desde antiguo, los adornos corporales han maravillado a los individuos de casi todas las culturas sobre el planeta, en unos casos solo estaban permitidos para la realeza, en otros lugares solo los hombres las portaban y en el presente hay pocas mujeres que se resistan al brillo y la hermosura de una creación o a tener sobre sí algo con significado propio y sentido único.
La autora
El valor del trabajo de Anny Gaviria, reside en ser la materialización de un pensamiento a diferencia de los productos en serie que llegan por toneladas a Buenaventura. Gaviria estudió Técnica en Joyería en el Sena y describe cómo su labor artesanal se enfrenta a la invasión de productos chinos, anda en la tarea de constituir un nicho que valore la exclusividad y el diseño personalizado.
Anny también es administradora de mercadeo, pero toda la vida le gustó lo artesanal, el tema del arte. “Me dediqué durante mucho tiempo a ventas y marketing, y ya después se me dio la oportunidad de estudiar esto en Pereira”.
Construirse
¿Cómo llegó ese momento de decir voy a estudiar y voy a poner mi atención en esto? “Eso fue hace seis años. Tenía un almacén acá en Santa Rosa con insumos de bisutería, piedras naturales, herrajes, y todo este tema de insumos para que la gente hiciera accesorios. Un día dije: ‘voy a estudiar joyería’, voy a empezar a trabajar lo mío y hacer joyas, todo este tema”.
¿Lo que usted hace se puede clasificar o nombrar como filigrana? “No, las filigranas son hilos en plata que los bañan en oro. Lo mío es diseño en bronce con baño de oro, compro el latón o compro los hilos y los empiezo como a trabajar o a diseñar, también sobre pedidos”. Después de la compra, el paso siguiente, explica, es calarla y ya a construirla.

Salir al mundo
¿Cómo empezó a darse a conocer? “Empecé a hacer poquitas cositas para los amigos, encarguitos, y ya después como a crecer yendo a las ferias, también llevaba el producto a los puntos de venta que había en los cafés, en Artesanías de Risaralda me han apoyado mucho. El año pasado estuvimos representando a Risaralda, en Miami. Nos ganamos la convocatoria y allá llegamos”.
¿Qué tal les fue? ¿Qué dijeron de su trabajo? “Estuvimos en Expo Artesano. No, encantados, la verdad íbamos como muestra, y todo lo vendimos como en dos días, porque la artesanía y el trabajo manual inicialmente íbamos era a la rueda de negocios, pero a la final nos dieron espacio como un estantecito para poner los productos, y nos fue súper bien”.
¿Después de esa experiencia quedó abierta la puerta para seguir enviando? “Quedamos con unos contactos, más que todo como de clientes que vienen a Colombia, entonces nos hacen encargos. Ya he tenido varios que han venido, unos hasta el propio Santa Rosa. Pero sería maravilloso poder tener una distribución allá en Estados Unidos, ¿cierto?”.
Día a día
¿De dónde surge la inspiración, especialmente para el trabajo personalizado? “Normalmente me dicen quiero un diseño así, me mandan muchas fotos, entonces yo les digo, yo no se los hago igual, pero se los hago parecidos, pues porque es mi diseño, ya confían en mi criterio. Trato de que lo quieran tenga mi diseño o mi textura, porque yo tengo mis texturas de martillo, entonces eso como lo que me diferencia. Lo artesanal se nota a diferencia de las máquinas”.
¿Qué tal es competir con productos masivos y baratos del mercado, como los que vienen de China? “Primero, no se valora mucho el trabajo artesanal, aunque también uno tiene este nicho que debemos de buscar, personas que paguen el valor del trabajo. Ahorita también ya hay un poquitico más de conciencia, entonces prefieren un arete trabajado, diseño de autor que algo de la China”.
¿Cómo es la protección de los diseños en este campo? “Eso es muy costoso, yo tengo registro de marca, ¿cierto? Pero los diseños, ellos nos explican, uno tiene que registrar cada uno, pero eso lleva unos procesos muy largos y costosos. La gente por eso casi no hace eso, porque el proceso es muy dispendioso. Yo tengo muchos diseños míos, ponerme a hacer eso por cada diseño, no, no hay cómo, desprotegidos totalmente”.
“Siempre digo que hay que hacer las cosas un día a la vez. Cada día es un nuevo reto y siempre agradecer, agradecer por estar vivos, por otra oportunidad. Antes de pedirle a Dios, le agradezco por estar vivos”.
Anny Gaviria es fiel representante de la mujer colombiana, también es madre y todos los días se pone una meta más alta.



