Cuando se habla de que ya se les está yendo la mano poniendo la temporada navideña a la par con el halloween, es porque todavía no han visto la colección de la señora Rosa María López, quien vive desde hace varios años en una Natividad eterna, porque la colección de pesebres tiene en su oficina es permanente, para muchos asombrosa, para otros desconocida y para los más despistados, falta de mirar bien, porque está a la vista de todos, pero los afanes y el creer que es imposible que haya pesebres en ese lugar, no le dejan espacio a la curiosidad.
Una herencia que no esperaba
“A la colección le dio inicio la señora María Mercedes Vallejo, si ella no hubiera fallecido hace casi seis años, este año los pesebres hubieran cumplido 20 años, porque era el pasatiempo de ella. Todo el que viajaba (familia o amigos) le traían pesebres. Yo fui empleada de ella y cuando ella cerró la inmobiliaria, yo abrí otra. Al momento de ella fallecer su esposo me entregó una escritura en la que ella me los dejaba como herencia y de ese momento para acá he ingresado por ahí unos 200”, así fue como todo comenzó.
La coleccionista afirma que no hay ningún pesebre repetido, puede que parecidos, pero repetidos no, así como tampoco hay ninguno que esté pegado. ¿Cómo sabe eso entre tantos? “Tengo un cuadrito en excel, voy registrando todo lo que va entrando, todos están numerados, tienen el año en que llegaron o quién me lo regaló”. ¿Entonces cuando le traen uno que está repetido usted qué les dice? “Lo llevo para la casa o hay por ejemplo una señora que tiene una colección como de 120 y se los entrego, porque me regalan con constancia pero no salen repetidos”.

¿Cuáles son los países de los que han llegado y datos curiosos?
“El de más lejos creo que es el de Tierra Santa, que se lo trajo un sobrino a doña Mercedes. Los tengo separados por tipo de material, los artesanales (barro y tejidos que ocupan siete entrepaños), después están los metálicos, los hechos en madera. Arriban los que son en vidrio o tienen brillo. Aparte hay una colección especial de una marca de Estados Unidos, que sacan artículos de Navidad, diseños de los que sacan como una o dos piezas únicas, en la pared obviamente están los de colgar y al otro lado en las dos repisas de arriba los que son marca Santini, que son inyectados con molde”.
Entre esos artesanales que derriten a doña Rosa, se encuentra un pesebrito hecho en un alpargatico y que curiosamente no es el más pequeño que tiene, hay otro en un carriel y hasta dentro de un dedal, los infaltables María y José campesinos. “Tengo varios que son únicos, porque ahí también hay uno que mi hija le hizo a doña Mercedes cuando tenía como seis o siete años”.
Rosa María se da el lujo de ser reconocida en redes por estos pesebres, cierta vez una señora que había visto una de estas publicaciones le llevó a la oficina uno hecho en estropajo.
Como pocos
Al preguntarle a la coleccionista por el más pequeño de todos, se dirige a la vitrina y trae una veloncito miniatura hecho en tagua de Ráquira, Boyacá, al que le extrajeron una pequeña parte y en dicho espacio le pusieron un nacimiento, “de este pesebre solo salieron seis ediciones en 2023”. ¿Cómo hace para saber eso? “Cuando me los regalan me cuentan la historia de dónde provienen”.

La señora López trata de tener todas las historias, como la de los que llegaron de España, donde hay un almacén en el que solo hacen nacimientos y en eso hace énfasis, en que la mayoría de las representaciones no son pesebres completos, sino que solo se ve la familia de Nazareth y a ellos tres se les denomina nacimiento.
¿Qué pesebre tiene en su casa? “No, allá sí hacemos un pesebre del tradicional, mi hijas se encargan de hacer el que tiene chocita, musgo, las ovejitas, el papel verde arrugadito con imágenes de 15 centímetros más o menos. El resto del año solo mantengo uno en la casa”.
Las bendiciones los han hecho aguantadores
Uno de sus clientes es un sacerdote, quien no pierde oportunidad para bendecirlos con calma. ¿Y en los temblores cómo le ha ido? “Nunca ha pasado nada. Esta colección ha soportado tres trasteos, de la 19 a la 18, de la 18 a otro local en este mismo edificio, al que los trajimos con unas barras con rodachines por todo el centro, los trajimos así porque la empacada de todo era mortal y se podían dañar. En esta oficina actual ya llevan 13 años”.
El mantenimiento
“Yo misma limpio cada tres meses los de encima de la vitrina, los bajo y con un pincel los trato con cuidado y aprovecho para cambiarlos de lugar. Es un trabajo de todo el día, nadie más se le mide por lo delicado”.
Cifra
1.268 pesebres, perfectamente inventariados en un excel, hacen parte de esta colección.
“De mis afectos, esos que son tan artesanales son los más me gustan”.



