Hace ocho años comenzó a dar sus primeros pasos un proyecto de formación de jóvenes en liderazgo, que con el avance del tiempo dio lugar a la creación de la Fundación Iwoka que tiene como propósito fundamental prevenir la deserción escolar en poblaciones vulnerables a través de la formación de jóvenes formadores, así como también combatir el matoneo escolar. Quienes le dieron vida a esta entidad fueron Sandra Aljure Sefair, su actual directora, Diego Alejandro Panesso Osorio y Carlos Alberto Mejía Restrepo. La Fundación Iwoka acaba de entregar la segunda versión de los Premios a los Emprendimientos Sociales, una estrategia que adelanta en los colegios públicos de Pereira y Dosquebradas dentro de sus planes de acción, indicó su directora Sandra Aljure.
¿Cuándo y con qué propósito nació la fundación?
Iwoka tiene una historia como graciosa. Realmente inició como programa para la formación de los jóvenes en liderazgo social, esto fue el año 2011. La idea era formar universitarios en liderazgo social y como parte de su formación trabajar con niños pequeños de una comunidad vulnerable enseñándoles virtudes y valores humanos con el fin de motivarlos hacia el estudio.
¿Quiénes fueron los promotores de esa idea?
Digamos que fui yo, como sueño inicial, porque veía a los jóvenes en nuestra sociedad muy solos, dado que por diferentes motivos algún miembro de la familia, papá o mamá, está fuera de la ciudad, entonces el joven vive solo con uno de sus padres o se da el caso que ambos están trabajando todo el día o están fuera de la ciudad. Hay mucha soledad y eso está causando mucha depresión juvenil. Lo que buscábamos era qué hacer para que el joven salga de mirarse así mismo y salga de su problemática y se nos ocurrió que la forma era ponerlo a servir a otros.
¿Y cómo se dio ese paso de programa a fundación?
Los pasos fueron los siguientes. Primero era este programa que no dio mucho resultado porque para el niño ese joven universitario no era un modelo de vida, estaba demasiado lejano, ahí fue cuando decidimos cambiar la mecánica y buscar jóvenes bachilleres que trabajaran con los niños de su misma institución educativa, esto fue ya año 2013. Segundo, hicimos una prueba piloto que salió súper bien y vimos que por ahí era el camino porque no solo los jóvenes aprendían liderazgo social sino que los niños tenían un modelo a seguir mucho más cercano a ellos por sus condiciones sociales. Así el joven dejaba de hacerle bullying al pequeño, un problema que está candente en nuestros colegios, y luego le enseñaba a los pequeños a no hacerse bullying entre ellos, con lo que se hacía un trabajo increíble.
¿En esos inicios qué entidad les brindó su apoyo?
Desde el principio le solicitamos a una entidad sin ánimo de lucro, la Asociación Isaral, que nos acogiera para adelantar este trabajo porque necesitábamos una institución legal, porque como equipo nos rehusábamos a crear algo sin saber si funcionaba y seguimos bajo la sombrilla de ellos hasta el 2017 cuando ya el hijo se volvió más grande que la mamá. Entonces se tomó la decisión de crear la Fundación Iwoka el 11 de septiembre del 2018 y operativamente es este año, a partir de abril, que toda la operación está dentro de la Fundación Iwoka y nos desprendimos totalmente de la Asociación.
Uno de sus principales objetivo es encarar la deserción escolar. ¿Qué tan grave es este problema?
La deserción escolar es altísima. A nosotros nos presentan indicadores anuales que hablan que Colombia está en el 4.3% de deserción por año y Pereira está en el 5.3 un punto por encima de la media nacional. Como este proceso es de 11 años cuando entran 100 niños al primer grado y año a año se va reduciendo esa cantidad en el 4 o en el 5% respectivamente pues al final en Pereira se están graduando 52 muchachos como bachilleres de cada 100 que ingresaron. El costo social de esto es grandísimo porque lo que hemos invertido como sociedad en la educación de estos muchachos se convierte en un gasto, ese muchacho en el momento en que deserte, no desertó por algo bueno, desertó y se fue a la calle y la calle es consumo de droga, microtráfico, redes de prostitución, robo y vandalismo, la calle no trae nada bueno. Y no solo es el costo de esa inversión perdida sino también el gasto de recuperar a un niño de la droga, el costo penal por todos los tratamientos que hay que hacer con los menores que cometen delitos y luego el costo social que implica para una sociedad tener a unos jóvenes que no van a producir el día de mañana
¿Y el otro componente es el bullying escolar?
El del bullying digamos que no está medido en indicadores, pero es un tema que ha salido mucho a los medios últimamente. A veces cuando yo hablo de este tema con adultos me dicen: pero a mí también me hacían bullying en el colegio, pero eso no es verdad, o sea el bullying que nos hacíamos nosotros en nuestra infancia era tal vez de apodos. Pero ahora el matoneo es pesadísimo, situaciones que atentan contra el físico y la psiquis del otro con cosas muy graves que no vale la pena contar aquí. Lo bonito es como a través de estos programas, vemos a los jóvenes totalmente comprometidos con el bienestar de los pequeños y cambian todo este modelo, se vuelve una cultura sana dentro de las instituciones educativas
¿Cómo ha logrado la Fundación cambiar esas dos situaciones?
Apostándole a los jóvenes. Nuestra visión es esa: transformar el mundo, transformando a los jóvenes y convirtiéndolos en transformadores sociales. Nosotros vamos a las instituciones educativas, con la venia del Rector y de los Coordinadores, y presentamos el programa a los jóvenes de noveno de bachillerato. Ellos se inscriben porque les hacemos una promesa de convertirlos en Emprendedores Sociales, la cual materializamos acompañándolos a desarrollar su proyecto de vida. Muchas entidades hablan de proyecto de vida pero aquí es un tema de ayudarle al joven a partir de su pasado, que muchas veces es un pasado muy duro y con mucha problemática familiar, social y económica, a enfrentarse con esa situación y sacarle cosas positivas a ese pasado para su presente y para su futuro.
¿Cuál es el referente del trabajo que ustedes adelantan?
Estamos apoyados en la Universidad de Harvard, ellos hicieron un estudio donde determinaron cuáles son los comportamientos de un emprendedor y con la Universidad Politécnica de Valencia se hizo un trabajo de esos comportamientos emprendedores y como a través de dinámicas podemos inculcarlos y formarlos en adultos y ya desde la Fundación Iwoka se hizo el trabajo de bajar a jóvenes toda esta metodología. Así en el primer año de formaciones, cuando los jóvenes están en noveno se capacitan como emprendedores con un proyecto de vida claro y a su vez, en paralelo, están recibiendo formación de formadores para el trabajo con niños y arrancan a trabajar con niños desde el segundo mes que hacen parte del programa. Luego en el segundo año de Iwoka cuando ellos pasan a décimo se les fortalece ese criterio social y se plantea la reflexión de cuánto le cuesta la educación de un muchacho a la sociedad. Esa educación no es gratis, sino que la pagan todos los colombianos por la vía de los impuestos y el Estado, finalmente, es solo quien administra el recurso pero realmente está toda una sociedad apostándole a ellos. Los jóvenes empiezan a aprender de comportamientos emprendedores, poniéndolos en situaciones hipotéticas, y, finalmente, hacen su proyecto social para resolver una necesidad ya sea en su colegio o en la comunidad cercana.
¿Cuántos jóvenes se han impactado, tienen ya una estadística?
Este año tenemos en el programa 210 jóvenes entre primero y segundo nivel y más o menos 670 niñitos de 1, 2 y 3 grados de primaria en seis colegios
¿Todas estas actividades cómo se han financiado?
Pues ese es el gran dilema siempre. Hasta ahora los grandes donantes han sido de la cooperación internacional hemos tenido una fundación suiza, Limmat Stiftung, que nos viene acompañando desde el 2011, desde la primera prueba piloto le ha apostado por este programa porque ve que es un proyecto de impacto social, no de asistencialismo, que realmente está modificando la cultura de los jóvenes y por ende de los niños. Tenemos también el apoyo de la fundación alemana Rhein Donnaw Stiftung. con recursos de gobierno alemán, cuya inversión es auditada a nivel internacional, lo que genera mucha más credibilidad a la Fundación. Además hemos tenido también apoyo de un grupo de Naciones Unidas, un grupo de mujeres de los Embajadores de Naciones Unidas en Suiza que nos ha apoyado tres años consecutivos, eso nunca se ha visto porque ellos apoyan un proyecto y se salen. Nos apoyaron tres años, luego tenemos una Fundación Finlandesa cuyo director es Santi Martínez, promotor del Liderazgo Virtuoso.
¿Y en el caso de aportantes de nuestro país?
En Colombia hemos tenido apoyo, obviamente, de nuestro presidente Diego Panesso como persona y del Restaurante Ámbar, también de la Fundación Bolívar Davivienda y de la Alcaldía de Pereira. Esperamos que los empresarios empiecen también a apostarle al proyecto y tenemos algunas empresas que hacen sus donaciones. Pero sí queremos que las empresas vean que esto no es asistencialista, que esto le está apostando a su propia mano de obra, pues estos muchachos ya están listos ya que reciben una formación super económica en habilidades blandas.
DESTACADO
“Nuestra visión es esa: transformar el mundo, transformando a los jóvenes y convirtiéndolos en transformadores sociales”
PIE DE FOTO
Sandra Aljure Sefair, directora de la Fundación Iwoka



