En Dosquebradas hace presencia la Fundación ‘Mujeres sin techo de cristal’, que también hace presencia en el Quindío, su representante legal es Mónica Jhoana Ospina, quien a raíz de una situación personal pensó en el resto de congéneres y así nació la idea de que haya límites para las segundas oportunidades.
Han sido cuatro años de labor desde el proyecto piloto que nació en el barrio Libertadores de Dosquebradas. Otro componente de esta historia es la fe, Mónica actúa por esa fuerza, así empieza a ayudar a las mujeres y pone al servicio de ellas sus conocimientos como diseñadora de modas y administradora pública.
Marcar diferencia
“Yo misma pasé por un punto de quiebre emocional y pensé que mi vida había terminado, pero había un hijo en el que también debía pensar. Dios me dio la facultad de entender que se había acabado solo un capítulo pero no toda la historia”. Ese impulso de no ceder ante las barreras emocionales y mucho menos las económicas la hizo recordar la teoría del techo de cristal que había estudiado tiempo atrás.
Esa idea sumada al deseo de dejar una marca personal en cada persona porque “no todas las mujeres quieren ser mamá, otras quieren salir al mundo y conquistarlo profesionalmente, para todas ellas hay un espacio en la Fundación”. La comuna nueve de Dosquebradas es reconocida por ser un sector de los denominados ‘vulnerables’, por eso pensó en iniciar en uno de sus barrios más emblemáticos, también contó con las puertas abiertas de una comunidad cristiana que le sirvió de sede.
Convocadas
“Hicimos la primera convocatoria y llegaron 50 mujeres. Ahí arrancó el programa que denominé ‘Mujer emprende’, imparto el curso de diseño de modas, dura tres meses, les entrego todas las herramientas necesarias para que ellas después puedan tener su propia marca y en ese proceso vamos desarrollando los talentos, porque muchas me dijeron que al principio no les gustaba, pero que después encontraron que era precisamente lo que necesitaban o querían”.
Mónica además habla de todo lo demás y son los desafíos psicosociales y emocionales que hay en el entorno. “Pensaba, Dios cómo las voy a ayudar si yo también estoy atravesando por una crisis. Por eso fue el proyecto piloto, porque logramos impactar a todas las 50 mujeres, la Fundación educa, empodera y acompaña, porque no solo soy yo, hay psicólogos, abogados y voluntarios que me ayudan a conducirlas hasta que ellas idean su emprendimiento”.
La representante visita constantemente a estas mujeres, “sigo haciendo el trabajo social allá en los Libertadores, aunque muchas se han ido a otros lugares de Colombia, pero hemos transformado, porque enseñamos no entregamos, para que el ser humano se construya a sí mismo y su futuro”.
“El foco ahora está puesto en Filandia, en donde se implementa el mismo proceso con visitas regulares. Allá los talleres se dan en la Fonda del Encanto. No solo es un proceso, sino varios. Hay una herramienta que denominamos ‘Desarrollo de modas’”.
Mónica Jhoana Ospina enseña a trabajar con la medida de cada persona y enfila baterías para la comuna tres en Dosquebradas.



