La última descendiente de Guadalupe Zapata, por línea sanguínea directa es Carmen Emilia Zapata, pero a ella pocos la conocen así, la mayoría le dicen Lupe, porque así denominaron a su bisabuela y abuela, después de la Guadalupe original, simple y llanamente ‘las Lupes’, y ella a todos les dice hijos o hijas cuando pasan por su casa y ven el portón abierto, aprovechan para saludarla.
Una lucha por aquí y otra por allá
La gesta más importante y por la que más reconocimiento ha ganado esta tataranieta, es haber logrado que los restos de Guadalupe, estuvieran en el Panteón de los fundadores en la Catedral y no en el cementerio San Camilo, como si en la refundación se hubiesen hecho en dos partes, o con dos misas y unos caminaran por la 18, mientras los ricos y blancos, lo hicieran por la calle 19, y es que según Carmen Emilia, los pobres y los negros, fueron quienes en verdad permanecieron en unas cuantas chozas, cuando los demás se marcharon a Cartago, por temor a la fiereza de los indios. Así que en Nuestra Señora de la pobreza, solo había un espacio que decía Guadalupe Zapata, pero ella no estaba ahí.
¿Hay trabajo en su familia para que esta memoria no se pierda? “Ese es mi gran deseo y los he involucrado a todos”. A esta Lupe, la crió su abuela paterna, por eso cuando saca la foto fechada en 1920, que ha hecho memoria en los pereiranos, dice: “Esta es Guadalupe, que llegó desde Carolina del Príncipe, conservó el Zapata del esclavista que le dio la libertad, llegó con María Jesús, mi bisabuela, de la mano, ya mi abuela María del Carmen, sí nació aquí en 1888 y luego mi papá nació en el Valle, porque esas viejas eran andariegas todas”.
Guadalupe se quedó atendiendo la ‘Asistencia Las Lupes’, “toda esta historia la rescató Alexander Cuervo”, comenta Lupe, “estamos esperando que salga para la Feria del Libro de Pereira de este año”. Guadalupe Zapata murió el 19 de noviembre de 1933 con 103 años en el barrio Corocito, en la casa del papá de Carmen. “Mis nietos y dos bisnietos, también tienen un sentimiento de orgullo, pero ellos ya son choznos y bichoznos de Guadalupe”. Además, el Concejo de Pereira, creó por este mismo empeño la Orden Guadalupe Zapata, un reconocimiento que se entrega a la mujer ‘emprendedora, trabajadora y luchadora’ en Pereira.
El parque Guadalupe Zapata
Cuando Carmen tenía 14 años, acompañó a su abuela María del Carmen al acto simbólico de la primera piedra del parque que llevaría el nombre de la abuela de ella. “Mi abuela fue con este chal, espere que por aquí tengo la foto, cómo le parece que las Lupes tenían el negocio de comida en el parque y oreaban los chorizos en una cabuya, entonces los muchachos pasaban y por hacer la maldad les robaban arepas y chorizos. Un día iba con ella, cuando un señor muy elegante de un almacén en el Centro, la llamó y le dijo: ‘Lupe vení y ella le contestó: ¿qué querés? ‘Le tengo algo, es para usted, para pagarle todas las arepas que nos robamos’ y le entregó el chal con el que quedó en la primera foto del parque y que fue lo único que yo pedí, cuando ella falleció”.

Una ruana de retazos
Esta Lupe recuerda que ella conoció a toda la gente que está en los libros de historia, que tanto el padre Nelson Giraldo y Herney Ocampo, la llamaban cada 30 de agosto, para recordar anécdotas de Pereira y preguntarle sobre Guadalupe y sus bajadas al Otún, cuando todavía era el barrio la América, bajaba a lavar ropa y oro.
“Luis Carlos González hizo una ruana muy bonita e hidalga, pero Pereira con sus cuatro puntas también cobija a los demás, esas otras historias, de gente como Guadalupe, es lo que estamos construyendo, porque los demás que hemos hecho esta ciudad, somos pedazos de historias y por eso es una ruana de retazos”.
Madre y lideresa
Roberto Zapata le llevaba 30 años a su esposa, una niña de 17 años y que fueron los padres de Lupe, razón por la cual, a ella le tocó ayudar a criar a sus hermanos, porque su mamá nunca sintió el llamado maternal. “Mi abuela fue mi mamá, luego me casé con un suboficial del Ejército y tuve cinco hijos, entonces salieron estas casas aquí, pero no las iban a entregar tan ligero y yo me hice sentir, les dije, ¿cómo es posible? Soy una mujer sola, mi esposo está de comisión y no es justo que una mujer sola esté por ahí pagando renta con cinco hijos”.

Lupe, se refiere a la primera etapa del barrio Jardín, al que llegó hace 50 años, allí ha sido líder y dice: “Hicimos el CAI, la iglesia y la pavimentación de tres peatonales, yo he visto crecer a toda esta gente”. Su matrimonio finalmente no tuvo un final feliz y para poder ser madre y tener sustento, fue madre sustituta del ICBF. “Cuidé 80 niños, ahora me llaman de Alemania, de España, de Estados Unidos, a todos los cogía pequeñiticos, hasta con bajo peso y los entregaba lindos y listos para la adopción”.
Esta Lupe tiene, como ella dice, 79 años y medio, pero es jovial y todavía es ‘jodida’. Tiene sendo archivo de notas periodísticas, fotos y un millar de anécdotas que hacen que escoger el material para publicar se haga difícil, pero es una mujer sencilla, entrañable y muy orgullosa de las negras de su familia.



