La Vida en el Páramo: Don Walter Machete, un Guardián de la Laguna del Otún

Don Walter de Jesús Machete Chacón, tiene 74 años muy bien vividos en el páramo, por allá en la vereda El Bosque, donde se llega después de tres horas en bestia desde el lugar en el que lo deja el carro.

¿Para usted qué son el páramo y la Laguna?

La Laguna del Otún es la casa natal mía y ha sido donde he vivido, donde he trabajado y donde he levantado 10 hijos, después de quedar un poco solo trasladé a la señora para La Florida. Allá en El Bosque todavía hay una hija y los sobrinos, hemos vivido siempre de la agricultura y la ganadería.

¿De dónde es originario el apellido Machete?

Lo que pasa es que el apellido mío es de origen cundinamarqués, viene de Ubaté, allá se consiguen varios apellidos que no son muy comunes.

¿Cómo llega su familia desde Cundinamarca al páramo pereirano?

Ellos se vinieron, como sucede en la juventud, a recorrer como dice el cuento, llegaron a Manizales y allá escucharon hablar de un páramo aquí que se llamaba la Laguna del Otún. Ellos vinieron ahí con el fin de trabajar y conseguirse una propiedad, y así fue. Los recibieron de trabajadores y consiguieron la tierrita donde nos levantamos nueve hermanos, cuando ya estuvieron de cierta edad, porque esa tierra es un poco dura para trabajar, se regresaron a la tierra antigua que es Ubaté y allá murieron.

¿Cómo era en ese entonces la vida en el páramo?

Anteriormente sí era más complicado un poquito, pero era mejor la vida, allá uno se alumbraba con una vela para acostarse, se cocinaba con leña, no había televisión, nada y todo era a lomo de mula después del Cedral, de ahí a la finca son cuatro horitas.

¿Qué sembraban para traer a Pereira?

Aprendí a trabajar al pie de mi papá cultivando la papa, allá cuando eso no se vivía sino de la papa, todo mundo la sacábamos aquí a La Florida, la vendíamos o hacíamos intercambio por el mercadito y con eso era que subsistíamos, pero llegó un momento que ya no había con quién trabajar y ya la tierra se puso como contaminada de plagas, entonces se dejó y como la ganadería siempre ha existido se cambió a eso para vivir del queso.

¿Por qué pasó eso con la tierra?

Eso hace por ahí unos 15 años y como no teníamos ninguna parte técnica que nos ayudara ni nada, entonces fuimos dejando el cultivo.

¿Buscaron ayuda en alguna parte?

No, no gastábamos tiempo.

Pero se ha dicho que el ganado afecta los páramos.

En ningún momento he visto que el ganado perjudica, porque de todas maneras lo que son humedales y lagunas eso mantiene aparte, el ganado se mantiene en sus pastiaderos. Aún más uno siempre cuida por ejemplo, donde nace el agua, nacimiento que uno ve en la finca lo cerca y le siembra arbolitos para que el agua no se vaya a escasear. Allá toda la vida hemos cuidado el agua, cuidamos un palo, porque si hay 10 palos en la finca no podemos tumbar cinco, no, de pronto cuando alguno ya está de edad, se tumba para beneficio.

¿Al pasar a ganadería entonces bajaban leche?

No, toda es para hacer queso, porque no da traer 20, 100 litros de leche, porque como la jornada es tan larga, de traerla cuatro horas en una mula y de lo frío, casi de nevera, al clima del Cedral y aquí a La Florida, ya se daña y se perdería el trabajo. En cambio el queso allá se hace el bloquecito y todos los viernes se hace el mercado del queso, cuando se trae aquí a los quioscos y negocios.

Tienen alguna receta de familia o es el quesito campesino que todos conocemos.

El queso ha sido el natal, el que los abuelos nos enseñaron, ese es, no le hemos cambiado nada.

¿Entonces cuántos bloques de queso bajan desde El Bosque y les da para subsistir?

Según, eso depende del ganado, porque si yo tengo seis vacas puedo sacar 50 o 60 libritas. Pues precisamente se buscó el queso, porque una sola persona puede manejar 12 o 15 vacas, manipula el queso y no tiene tanto personal, ni tanto gasto y tampoco químicos, entonces le da a uno para sostener el ganado y para sostenerse uno.

Hablemos un poco de la tradición arriera, ¿cuántas mulas alcanzó usted a bajar desde El Bosque?

En El Cedral nos llegamos a recoger 80 mulas, entre siete arrieros, ahí se llegó la época de en un fin de semana reunirnos para traer la producción de la papa y llevar los víveres. Los que estamos en el momento somos los de la familia mía que es la más numerosa y en pie, por otro lado la arriería sí está muy acabada. Estamos sosteniendo la arriería en llevar víveres, sacar el queso y llevar turistas que es otra entrada que empezó hace por ahí unos 10 años, para guiarlos a la Laguna o al Nevado, en este momento estamos en ese trajín.

Desde su casa en El Bosque, ¿cuánto se demora uno para llegar al nevado?

De la finca mía al Santa Isabel son ocho horas, al Ruiz también pero habría que salir por Manizales, lo mismo al del Quindío, pero también tocaría hacer el recorrido y buscar la salida hacia Salento o Cocora, porque devolverse sería más tiempo.

¿Qué piensa de que ahora todos quieren vivir en la ciudad?

Pues la situación se está poniendo bastante gravísima, porque el que se venga de allá de todas maneras va a ser un cambio muy diferente y vivir aquí es costosísimo, una persona si no se coloca a trabajar en una oficina o en una empresa, no es capaz de sostener la familia y más adelante se podría apoderar del campo, alguien más diferente a los que hemos estado tantos años y no lo van a cuidar, tampoco van a cuidar la Laguna.

¿Qué mensaje quiere dejar?

Las entidades oficiales han estado detrás de dejar las fincas y el páramo solos que para una reserva, pero yo pienso que las reservas se pueden hacer estando uno viviendo allá, inclusive ahora en el momento hay más reserva que hace unos 20 años, porque había más cultivo de papa y ahora estamos trabajando muy diferente, tenemos nuestra estufa de gas y así ya es poquita la leña que se quema. Esas tierras ya se están es llenando de monte.

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