Hay una narrativa poderosa sobre la resistencia cultural y el uso de la tecnología para salvar una lengua ancestral en Risaralda. El proyecto ‘Lengua Umbra, narrativas indígenas digitales’ es un esfuerzo gestado entre Quinchía y Dosquebradas, para evitar la desaparición anunciada de una lengua, necesaria para el reconocimiento de un pueblo.
El concepto indígena por estas tierras, inmediatamente transporta el imaginario colectivo a los Embera, pero una serie de investigaciones recientes hacen recordar que los Umbra existen y que por cuestiones de territorio y colonia, se mezclaron con otros pueblos y por eso la historia no les da el lugar que les corresponde en toda la franja que bordea desde Belén de Umbría, pasando por Anserma, Quinchía, el propio Riosucio y quizá hasta Supía.
Como si esto resultara poco, la pérdida de su lengua está en un punto crítico y morirá de no hacerse algo inmediato. En este contexto es que nace el proyecto de Narrativas indígenas digitales en Lengua Umbra, un proyecto ganador de la Beca de Comunicación y Territorios del Ministerio de las Culturas.
Antecedentes
Antes de continuar con la urgencia, hay que nombrar a la Fundación Laverde Biodiversa, porque el trabajo es conjunto con el claro objetivo de cortar el riesgo que como sombra se asoma sobre la desaparición de su identidad. “Este proyecto no solo es una iniciativa cultural, sino un fortalecimiento de la resistencia, cuando el equipo de la Fundación se acercó a la comunidad, la bandera de la Lengua la llevaba Bernardo Largo, junto a su hermano y para ese momento, uno de los pocos que podía decir algo en Lengua Umbra”, explica Edwin Laverde, director general de la Fundación Laverde Biodiversa.
Es fundamental entender que este proceso de reafirmación de la identidad Umbra no es nuevo, ya en 2006, parte de una comunidad en Riosucio, Caldas, hizo un cambio de identidad, pasando de ser reconocidos como Embera a reconocerse como Umbra.
“De hecho hubo intentos previos de reactivar la Escuela Umbra en 2012, 2013 y 2021, pero estos esfuerzos no pudieron avanzar porque no contaban con recursos para transporte, alimentación o lugares pagos para las reuniones. La diferencia con este proyecto actual es que todos los servicios necesarios para asistir a los laboratorios fueron cubiertos, lo cual fue crucial”.
Tecnología al servicio de la identidad
El director prosigue su historia. “La gran pregunta fue, ¿de qué manera podemos contribuir para que la lengua no se pierda? La respuesta fue la cocreación de contenidos multimedia a través de laboratorios realizados tanto en Quinchía, el territorio de origen de los Umbra, por la comunidad Guakuma Umbra y el Cabildo indigena interregional Umbra unificado Cabinru de Dosquebradas, donde hay una gran comunidad constituida. Allí se desarrollaron varios productos como: una cartilla educativa de la Lengua Umbra, un podcast y programas de radio, un fotolibro y un documental”.

Lo maravilloso de estos talleres es la inclusión, se trabajó con estudiantes y personas de todas las edades, desde niños de 10 años hasta adultos mayores de 70 o más años. “Además, el fotolibro se creó con fotografías que los propios estudiantes tomaron con sus celulares, demostrando que la mejor manera de contar la historia es desde adentro. Estos proyectos son cocreaciones vitales pensados desde el Consejo Editorial conformado por los dos cabildos y la Fundación”.
Documento para el reconocimiento
El valor de este esfuerzo va mucho más allá de la preservación cultural. Está confirmado que la comunidad Umbra aún no está reconocida por el Ministerio del Interior. “Para la comunidad, esta cocreación de contenidos es extremadamente valiosa, ya que les permite mostrar que están organizados y que llevan a cabo todos los procesos requeridos para ese reconocimiento oficial”.
Este proceso marca la historia. Es la primera vez que tienen su propio documento contando un poquito de su pasado y su realidad en lengua Umbra. “Es su carta de presentación formal ante la Nación. El proyecto se clausuró ayer en Quinchía, en un evento abierto al público en la plazoleta de La Paz, y el martes pasado en la Universidad Tecnológica de Pereira, porque ellos quieren especialmente que la gente se entere de que los Umbra existen”.
Al igual que un mapa que se rehace para incluir un territorio olvidado, la producción de estos contenidos digitales no solo salva una lengua, sino que sirve como el acta de nacimiento pública para una comunidad que lucha por su derecho a existir formalmente en el panorama nacional.
“La salvaguarda de la memoria, la supervivencia de la Lengua Umbra y de los derechos lingüísticos de sus hablantes, se convierten al mismo tiempo en recursos y herramientas pedagógicas esenciales para la transmisión de los conocimientos en la escuela Umbra”.
Los laboratorios se desarrollaron acercándose a ellos con herramientas pedagógicas, de memoria y de comunicación a través de los talleres de fotografía, video, documental y realización editorial a partir de narrativas transmedia como forma de reconocimiento y divulgación del valor estético y cognitivo de su lengua ancestral.



