Hora de abrir el debate

Es hora de abrir el debate sobre si es conveniente que la escogencia de los candidatos de los partidos a la presidencia, se haga en una consulta que se realice simultáneamente con otra elección.
El pasado sábado 31 de enero arrancó oficialmente la campaña por el primer cargo dentro del poder Ejecutivo. Desde ese día los candidatos a ocuparlo pueden inscribir sus nombres ante la Registraduría Nacional del Estado Civil, para participar en la elección que se realizará el próximo 31 de mayo.
Este período de inscripción se extenderá hasta el 13 de marzo, con el propósito de garantizar que los candidatos que resulten ganadores en las consultas interpartidistas, hasta ahora se sabe que serán dos, que se realizarán el 8 de marzo conjuntamente con las elecciones para el Congreso, pueden inscribir sus nombres y participar en la contienda presidencial de mayo.
Se espera entonces que de aquí al 13 de marzo, haya una avalancha de inscripciones  ante la Registraduría Nacional. Todos los candidatos que no van a participar en las consultas y que cumplieron con el requisito de las firmas o que van a ser avalados por uno de los partidos o movimientos políticos reconocidos por la entidad, tendrán que inscribir su candidatura dentro de este plazo.
Por supuesto que esta es la norma y así hay que cumplirla; pero cada vez es mayor el interrogante sobre si mezclar la elección del Congreso con la definición de un solo candidato presidencial por cada partido político o por varios que se sometan al mecanismo de una consulta interpartidista, es conveniente o no.
De la misma manera que las leyes electorales no permiten realizar simultáneamente la elección para presidente de la República con cualquier otra, por los efectos que pueda tener  una sobre la otra, tampoco se debería permitir juntar en la misma jornada electoral las consultas interpartidistas con la elección de congresistas.
La puja presidencial ocupa, no hay duda, más atención entre los ciudadanos que la lucha por las curules del Congreso, lo que lleva a esta a un segundo plano con la riesgosa consecuencia de elegir un Legislativo que no responda a las necesidades del país y a la urgencia de tener allí personas idóneas y que no pongan por delante sus intereses personales de los de Colombia.
De hecho hoy buena parte de los colombianos ocupa sus conversaciones en si el candidato Cepeda puede o no participar en la consulta de la izquierda petrista, o sobre cual de los nueve aspirantes del llamado centro–derecha es el mejor o puede enfrentar con mayor opción al candidato del gobierno; y muy pocos a discutir sobre cuáles aspirantes al congreso merecen realmente el apoyo de los electores.
Es hora, pues, de abrir el debate sobre si es conveniente que la escogencia de los candidatos de los partidos independiente a la presidencia de la República, se haga en una consulta que se realice simultáneamente con la elección para el Congreso, o si por el contrario esta se deber hacer de manera independiente y sin mezclarla con otra cualquiera.

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