Además del problema de movilidad, encuentra el doctor Buitrago un grave señalamiento al sistema de asignación de turnos y una demora en la puesta en operación de las cámaras de detección.
Dentro del ajuste que el alcalde Mauricio Salazar realizó a su equipo de inmediatos colaboradores, hizo un enroque entre la dirección del Instituto de Movilidad y la Secretaría de Planeación Municipal. Al primero irá el actual titular de la segunda y a Planeación llegará el hasta ahora director de Tránsito.
Del doctor Edwin Quintero poco hay para decir, porque además de que estuvo un período muy corto al frente de la dirección del Instituto de Movilidad, el poco tiempo lo dedicó a hablar de lo divino y lo humano, a hacer anuncios de toda naturaleza y a esbozar estrategias para enfrentar los graves problemas de movilidad de la ciudad, que nunca concretó.
En la Secretaría de Planeación lo esperan importantes retos y la continuidad del trabajo que esa dependencia viene realizando para poner orden en la ciudad y encauzarla por el sendero correcto en medio de su impresionante crecimiento y desarrollo. Ojalá el funcionario así lo entienda.
El nuevo director del Instituto de Tránsito es un joven profesional que venía cumpliendo una interesante, juiciosa y destacada tarea en la Oficina de Planeación. Sin mucho aspaviento había logrado avanzar en el complejo propósito de no dejar salir de madre el desordenado crecimiento de la ciudad y tratar de orientarlo de acuerdo con sus conveniencias y posibilidades.
El doctor Julián Buitrago llega al Instituto de Movilidad con la necesidad de poner en su sitio una entidad que no ha tenido continuidad en su dirección y mucho menos criterio, buen juicio, sentido de las prioridades y, sobre todo, capacidad para poner orden donde hay un absoluto caos y disciplina donde a nadie parece importarle el desgreño que hay en las vías de la ciudad y si se cumple o no las normas de tránsito.
Qué sentido tiene, para poner un solo ejemplo, que mientras el centro de la ciudad está hecho un caos permanente, porque todo el mundo parquea donde le da la gana; y la avenida 30 de agosto es un trancón permanente, porque nadie respeta que es una vía rápida; los pocos guardas de tránsito que hay se vayan para Unicentro a controlar el estacionamiento en una calzada que es interna y que no produce congestión.
Además del problema de movilidad propiamente dicho, encuentra el doctor Buitrago Arango, un grave señalamiento al sistema de asignación de turnos para las gestiones ante el Instituto y una inexplicable demora en la puesta en operación de las cámaras de detección de infracciones y que llevan más de un año en período de evaluación.
En buena hora, pues, llega el doctor Julián Buitrago al Instituto de Movilidad. Su dedicación, su buen juicio y su discreción son garantía de seriedad en el manejo de la institución y una esperanza de que Pereira pueda mejorar su movilidad, de que la tecnología llegue a la entidad y de que el servicio al usuario mejore.

Parodiando a López de Mesa cuando cayó Laureano Gómez: no sé si al Instituto de “Inmovilidad” de Pereira llega Dios; de lo que estoy seguro es de que se va el diablo.