Un crecimiento amenazado por un retroceso paulatino en las principales actividades económicas, solo genera incertidumbre, desconfianza e inseguridad empresarial y social.
De lo que parecería ser una cifra halagadora para el comportamiento de la economía, no se podría decir lo mismo luego de analizarla en detalle. Según el Dane, la economía creció en el país en el mes de noviembre del año pasado el 3.08% en comparación con el mismo período del año inmediatamente anterior.
De acuerdo con la entidad, el Indicador de Seguimiento de la Economía (ISE), en su serie original, se ubicó en 131.58 puntos al cierre del mes de noviembre pasado, dato superior a los 127.65 puntos registrados en la misma fecha un año atrás, lo que refleja un mayor nivel de dinamismo económico durante ese mes.
Ahora, este comportamiento positivo estuvo impulsado básicamente por las llamadas actividades terciarias, es decir aquellas relacionadas con el suministro de electricidad, gas, vapor y aire acondicionado; con la distribución de agua, evacuación y tratamiento de aguas residuales; la gestión de desechos y actividades de saneamiento básico.
No ocurrió lo mismo con las actividades primarias, aquellas que tienen que ver con la agricultura, la ganadería, la caza, la silvicultura y la pesca; y la explotación de minas y canteras; que tuvieron un balance negativo; ni con las secundarias, es decir las relacionadas con la industria manufacturera y la construcción, las que también mostraron un comportamiento decreciente.
Sin embargo, mientras el ISE creció en noviembre pasado el 3.08% con relación a igual mes del 2024, no sucedió igual cuando la comparación se hace con el mes anterior, es decir con octubre del 2025, cuando el índice se situó en 127.45 puntos. En este caso se observa un decrecimiento de 1.08 por ciento.
Esta combinación de crecimiento en noviembre frente al año anterior, 3.08%, y decrecimiento en relación con el mes de octubre pasado, 1.08%, lejos de ser una señal alentadora en el desempeño actual de la economía, es un mensaje de alerta frente a los pronósticos de su crecimiento y obliga a estar atentos a su desarrollo.
Es más, ya el inicio del 2026 ha mostrado reacciones inquietantes en materia económica fruto de decisiones oficiales en asuntos laborales, energéticos, fiscales, impositivos e internacionales; y que pueden terminar convirtiéndose en menos inversión, en menos empleo formal y en menor ingreso de los colombianos.
No parece, pues, ser tan alentador el panorama de la economía al cierre de noviembre pasado como lo muestra la cifra del Dane. Un crecimiento amenazado por un retroceso paulatino en las principales actividades económicas, solo genera incertidumbre, desconfianza e inseguridad empresarial y social.
