La comprensión lectora es mucho más que la capacidad de leer palabras. Es entender ideas, interpretar contextos, argumentar, contrastar información y tomar decisiones informadas.
El reciente informe de la Fundación Empresarios por la Educación, a partir de los resultados de las pruebas Saber, encienden una alarma que el país no puede seguir ignorando, los niveles de comprensión lectora de los niños y adolescentes colombianos se encuentran estancados y en algunos casos presentan importantes retrocesos.
De acuerdo con el documento llamado “Estado del desarrollo de la comprensión lectora en Colombia” el país no está logrando mejorar de manera sostenida los aprendizajes en lectura, teniendo serios problemas en tres aspectos fundamentales. Primero, hay dificultades que están apareciendo desde muy temprano; segundo, hay retrocesos en los años 2022 y 2023, que son las últimas pruebas de las que se tiene resultados; y tercero, hay un estancamiento en las Pruebas Saber II, donde los puntajes de desempeño llevan varios años congelados.
De manera sostenida entre los años 2017 y 2024, el puntaje promedio en la competencia de lectura en las Pruebas Saber II, ha estado entre los 52 y 54 puntos sobre 100, lo que evidencia un estancamiento en esta competencia. Pero lo más preocupante se presenta en la prueba de comprensión de lectura en los grados inferiores. En el año 2022 el Icfes volvió a hacer las pruebas Saber de grados 3, 5 y 9, dejadas de hacer desde el 2017, y prácticamente todos los departamentos del país presentan una disminución en el resultado.
No se trata de un dato técnico ni de una discusión exclusiva del sector educativo; es un síntoma profundo de una crisis que compromete el futuro social y económico del país. La comprensión lectora es mucho más que la capacidad de leer palabras. Es entender ideas, interpretar contextos, argumentar, contrastar información y tomar decisiones informadas.
Cuando un estudiante no comprende lo que lee, difícilmente podrá aprender matemáticas, ciencias, historia o tecnología. La lectura es la base de todo el sistema educativo, y su debilitamiento termina por erosionar el conjunto. No comprender un texto hoy, significa, mañana, no acceder a un empleo de calidad, no emprender, no innovar y no participar plenamente de la vida cotidiana.
En términos de competitividad, el panorama es igualmente preocupante. Un país cuyos jóvenes tienen dificultades para leer críticamente, está condenado a rezagarse en la economía del conocimiento. La baja comprensión lectora impacta la formación de talento humano, frena la adopción tecnológica y limita la capacidad de las empresas para crecer y competir en mercados globales.
Colombia no puede resignarse a formar generaciones que leen sin entender. Recuperar la comprensión lectora es una tarea urgente y colectiva, porque en cada página que hoy no se comprende se está escribiendo, silenciosamente, una historia de menor equidad, menor competitividad y mayor pobreza. Y ese es un lujo que el país no se puede permitir.
