Una alianza valiosa

Solo queda esperar que con la identificación de los infractores, los funcionarios encargados y la Policía apliquen con todo rigor las sanciones a quienes tanto daño le están causando a la ciudad. 
La Empresa de Aseo de Pereira y el Instituto de Movilidad han realizado una valiosa alianza con el propósito de contrarrestar una pésima práctica que ha hecho carrera en la Ciudad y que va contra su buena imágen y la salud de sus habitantes y es depositar los escombros y los muebles viejos que sobran en las viviendas y negocios, en los lotes desocupados o en las áreas públicas.
La estrategia consiste en concienciar y sensibilizar a los ciudadanos sobre la importancia de mantener la ciudad limpia y de no depositar escombros y material inservible en sitios no adecuados, al mismo tiempo que implementar un plan de control y vigilancia en aquellos sectores donde esta práctica es más corriente.
Para esto, las dos entidades han anunciado, de un lado la instalación de cámaras de fotodetección en los lugares críticos que permitan identificar las placas de los vehículos que recurren a esta práctica irregular y del otro lado, la imposición de comparendos y sanciones a los infractores.
Es común ver en la ciudad, especialmente en los barrios y en las zonas periféricas, como llegan camiones, volquetas y camionetas particulares llenos colchones viejos, de pedazos de muebles, de sobrantes de construcción y de toda clase de materiales desechables, a los lotes desocupados y a las esquinas abandonadas, y como tiran todo allí.
Todo esto, ante la mirada resignada de los vecinos y de los habitantes de los sectores afectados y la indiferencia de las autoridades respectivas. Y lo más grave, con las consecuencias que está horrible práctica tiene para la imagen de la ciudad y, sobre todo, para la salud pública y el bienestar de los ciudadanos.
Esas montañas de escombros y sobrantes que se forman en estos lugares inapropiados, se convierten en madriguera de roedores, en nido de plagas, en mata de insectos, en cuna de contaminación y en fuente de malos olores, de enfermedades contagiosas y de un ambiente insalubre para la ciudad.
Esto sin contar con los malos ciudadanos que arrojan sin ninguna consideración toda clase de escombros, de productos inservibles y también de basuras y sobrantes al río Otún y a las distintas quebradas y afluentes que recorren la ciudad. Este proceder contamina las aguas, afecta la fauna y atenta contra la salud de los ciudadanos.
En buena hora, pues, la Administración Municipal se va a ocupar de un asunto que no solo es de orden y buena imágen para la Ciudad, sino de salud pública. Solo queda esperar que con la identificación precisa de los infractores, los funcionarios encargados y la Policía apliquen con todo rigor las sanciones a quienes tanto daño le están causando a la ciudad.

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